No podía creer que fuera tan culto, conociera a tanta gente del medio artístico, escribiera en una revista del D.F., estuviera a punto de irse a estudiar su doctorado en historia del arte, y aparte de todo, la hubiera invitado a un café. Parecía estar tan interesado en ella, que no sabía si la pretendía, era pura afinidad amistosa o ella era igual de interesante que él y por eso la buscaba; el punto es que estaba tan embelesada con la situación que olvidó por completo el tiempo.
-Yo escribo.-¿En serio? ¿Y qué te gusta escribir?-Pues de todo, pero en particular me gusta jugar con temas eróticos.-Muy interesante. Deberías pasarme la dirección de tu página para poder leerte.-Oh, no, es muy amateur, me hace falta pulirme un poco más.-Vaya, no seas penosa, es raro saber de una mujer que escriba literatura erótica, quiero leer lo que escribes.-Después te paso uno de mis cuentos.-O.k., me late, pero por lo pronto vamos pidiendo la cuenta.
El mesero llevó la cuenta, él pagó y fue al baño. Ella por su parte estaba emocionadísima por haber conocido un tipo tan interesante. Minutos después Roger llegó a la mesa y con una cara de suma angustia le comentó que su auto estaba en el taller y que al parecer no había nadie en su casa que lo pudiera recoger, así que tomaría un taxi, a lo cual Fabiola le sugirió que lo dejaba de pasada en su casa.
Estaban estacionados afuera de la casa de Roger –ubicada en una zona residencial de las más exclusivas de la ciudad-, platicaron un rato dentro del auto y después la invitó a pasar a su casa. Como no podía quedarse con la duda de conocerla por dentro, aceptó. Pasaron por un jardín muy coqueto, con muchas flores, iluminación y una fuentecita, después por una cochera enorme –en donde no había un solo auto-, y entraron a la casa.
-Qué bonita es tu casa.-Es de mi madre, todo esta decorado a su gusto, incluso mi habitación.-Pues tiene muy buen gusto, esta linda.-A mi me parece un poco cargado, yo prefiero lo minimalista aunque esté pasado de moda, entre menos cosas mejor. -En la parte posterior tengo mi estudio, es lo único que es mío y esta estrictamente prohibida la entrada, inclusive a mi madre. Ven, te mostraré una parte.-O.k.
Cruzaron toda la casa y llegaron a un jardín posterior, era enorme, a un costado había una cantina y la zona de la alberca, después le seguía un caminito algo angosto y no muy bien iluminado; ella siguió a Roger, bajaron unas escaleras y se dio cuenta que realmente era inmensa la casa y que el supuesto estudio estaba bastante escondido, lo cual le generó un poco de desconfianza, comenzó a imaginarse varias escenas en donde él abusaba sexualmente de ella y que por más que gritaba nadie la escuchaba.
-Creo que mejor me voy.-Ya llegamos.-No, en serio, creo que ya es muy tarde.-Vamos, no va pasar nada, sólo te iba a mostrar el estudio. Si ya tienes que irte no hay problema, te acompaño a la puerta, sólo déjame entrar rápidamente al baño.-O.k
Entraron al estudio de Roger, tenía unos bastidores en blanco, varios cuadros apilados en uno de los muros, –a pesar de ser un estudio dentro de una casa lujosa, se veía bastante abandonado, descuidado y sucio-, en una de las esquinas había una gran lámpara pero el resto de la habitación estaba casi en completa oscuridad.
Roger cerró la puerta del estudio y caminó a la parte oscura del estudio mientras Fabiola se quedó cerca de la lámpara y los cuadros; prendió la luz del baño y le comentó que no demoraría mucho que mientras tanto ella inspeccionara el lugar. La chica estaba algo tensa, sentía que era un grave error estar ahí sola, lejos de su casa y en una zona totalmente desconocida para ella, en una residencia enorme que sólo había podido conocer gracias a las revistas Vanidades o Quién y a esas horas de la noche.
Pasaron tres minutos y le comenzaron a sudar las manos, se puso a ver los cuadros que estaban recargados en el muro –aunque realmente no podía apreciar mucho por la oscuridad-, trató de abrir la puerta para fumarse un cigarro pero se dio cuenta que no se podía abrir, no tenía pasador era un cerrojo que sólo se habría con llave, así que se angustió todavía más: “Roger, ya me tengo que ir, ya es muy tarde”, gritó mientras el joven seguía en el baño, pero no le respondió.
Se acercó hasta la puerta del tocador y tocó desesperadamente un par de veces gritándole que ya tenía que irse, estaba realmente asustada, su voz temblaba un poco, un par de minutos después se abrió la puerta: la luz estaba apagada, así que no podía verlo pero escuchó sus pasos, Roger salió del baño con unas botas de hule, un mandil blanco, googles transparentes y un gancho de metal de esos que usan para colgar a los cerdos en el rastro. Fabiola lo miró sin poder emitir sonido alguno, dio un paso hacia atrás y de pronto sintió un fuerte golpe en la cabeza, cuando abrió los ojos estaba tirada en el piso...
R.P.