Irma derrite
al calor de un vela
crayones de cera
para no dormir.
Sobre la hoja cae
un punto rosado
que echa alas
y esconde una pata
para bañarse
en un lago celeste
convertido en flamenco.
Un río de rojo
brota de un vértice
y delata la muerte
de un toro español.
Y crayones dorados
se deshacen al fuego
para formar sobre el techo
constelaciones
de lágrimas
luminosas.
El verde imprime
sobre la mesa
tréboles de cuatro hojas
que forman un lecho
que devora un cordero
de puro algodón.
Y los puntos negros
se transfiguran
con una capa y una hoz
para buscar a la madre
que ronca tendida
en la habitación de al lado.
Los hilos naranjas
llenaron de frutos
las hendijas
de la persiana
y en el aire se siente
intenso perfume de azahar.
Irma reserva
un crayón azul
para pintar al príncipe
que nunca encontró.
Con amarillo
dibuja tres soles
por miedo a que le falte luz
con plateado una luna
que cuelga con cuidado
en el picaporte de la puerta.
Ya casi es de día
Irma apaga de un soplo
la luz de la vela
y el bestiario que pintaron
las gotas de los crayones
se escurre por la pileta del baño.
R.P