martes, 17 de febrero de 2009

Vagando por la nada entró a una casa pequeña,
todo proporcional al corazón seco que le quedó.
Permaneció inmóvil muchos días, después del llanto,
al ver los elefantes de largas patas pasar por la ventana.
Confeso sus pecados y los de él también,
pidió la bendición para las dos tumbas antes de morir.
Yace en palidez total al lado de una cripta vacía
espera resucitar en el país de los muertos,
que alguien ocupe aquél cajón,
o que todo arda en el infierno.
rp
Tú y yo arcoiris,
sin olla de oro ni duende al final
fue rojo muchos años,
a mis otoños el verde de las grandes esperanzas
negro el rimel, la sonrisa y el resto de los veranos.
Rosa el atuendo, los días de nuestro amor
pero preferiste amarillo,
elección estúpida, siempre lo odié.
Celeste dibujando los sueños antes de dormir
faltó el violeta a los lutos por venir
anhele tornasol corriendo por las venas
invoqué resucitación de todos los males…
No quedó más que verte la cínica promesa en sepia
adornando portarretratos de mal gusto.
Tú y yo arcoiris
en planos inexistentes,
soledad
dulce paroxismo,
ácida adicción destruyendo todo al paso
el álamo que no le quedo historia.
Aquella casa vieja que nos vio la curiosidad con ternura
una ciudad llena de historias bajo cada pilar,
cada vaca
cada banca
calles llenas de pasos de vals,
y un inventario de recuerdos en tramite de olvidar.
Ahora
tu mano distante en cada sueño,
el campo magnético que existió entre nosotros cuándo ¡ya no!
me asfixiaba los pasos
con la misma fuerza que nos atrajo cuando solíamos un sí.
Tú y yo arcoiris
sin rojo, ni rosa, ni azulmonocromática displicencia
de recuerdos grises
lutos tristes,un viaje ácido con sentencia fatal.
rp
Duermes en el fondo de tu inconsciencia
tarea de comprender lo inexplicable
palmo a segundo tu frágil demencia
saberme en el resquicio inconsolable.
Inventarme los signos a toda la ausencia
llamarle esperanza, una estúpida condena
tajo a destazo los estigmas de tu nombre
sangre a cuentagotas un insípido goce.
Sigilo coherencia de tanta inmundicia
el humo del cigarro para suplir caricias
mi insana precopa al garrafal de vino
beberme la soledad en el té de las cinco.
Teñirse las raíces
fingir- no- tener- frío…
A mí de ti desmesurada carencia,
saberme, ahora, demente en potenciano renegar la cruel certeza
de tus labios lujuria de tanta incoherencia.
rp
el cadáver que te estorba en la maleta
la sombra que te ata a la humanidad
lo que no me confiere en el baúl de tus recuerdos.
oxidación que día a día te consume,
el estado de putrefacción simulada
para huir de todo lo convencional.
lúgubre la sombra de los parpados
hostil el trato al prójimo
soledad puntual en cada taza de café
un veneno estelar que no cabe en el cosmos.
perdón por tanto
yo no sabía que encima cargas al hombro
una madre enamorada –de ti-
un hijo boca que alimentar
esposa cartera histérica sin llenar
y el odio al hombre con el que compartes mala genética.
rp
Me tapé el cerebro dos veces
antes de permitirme tanta oscuridad
lo intentéla multitud fue testigo.
Repudié mi condición humana
más que mi afección al maquillaje
me largue los labios
y endose el deseo al portador.
Me tapé el cerebro dos veces
antes de abandonar la posteridad
lo intenté –lo juro-
Prostituí los sueños
aposté la barata inocenciano necesité testigos
el espejo era suficiente para levantar acta
lo suficientemente frío y calculador
para saber que el reflejo,
no correspondía a la firma.
rp

domingo, 8 de febrero de 2009


Un ataúd con ruedas es la cama a las cinco de la tarde. Huesos y flautas suenan en su oído a las cinco de la tarde. El toro ya mugía por su frente a las cinco de la tarde. El cuarto se irisaba de agonía a las cinco de la tarde. A lo lejos ya viene la gangrena a las cinco de la tarde. Trompa de lirio por las verdes ingles a las cinco de la tarde.

F.G.L

IRMA

Irma derrite
al calor de un vela
crayones de cera
para no dormir.
Sobre la hoja cae
un punto rosado
que echa alas
y esconde una pata
para bañarse
en un lago celeste
convertido en flamenco.
Un río de rojo
brota de un vértice
y delata la muerte
de un toro español.
Y crayones dorados
se deshacen al fuego
para formar sobre el techo
constelaciones
de lágrimas
luminosas.
El verde imprime
sobre la mesa
tréboles de cuatro hojas
que forman un lecho
que devora un cordero
de puro algodón.
Y los puntos negros
se transfiguran
con una capa y una hoz
para buscar a la madre
que ronca tendida
en la habitación de al lado.
Los hilos naranjas
llenaron de frutos
las hendijas
de la persiana
y en el aire se siente
intenso perfume de azahar.
Irma reserva
un crayón azul
para pintar al príncipe
que nunca encontró.
Con amarillo
dibuja tres soles
por miedo a que le falte luz
con plateado una luna
que cuelga con cuidado
en el picaporte de la puerta.
Ya casi es de día
Irma apaga de un soplo
la luz de la vela
y el bestiario que pintaron
las gotas de los crayones
se escurre por la pileta del baño.
R.P