jueves, 16 de junio de 2011

Pensé en ti....
En psicoanálisis, estuvimos analizando la relación que tiene la psique y la sociedad dentro de un contexto, de un tiempo y esto se refiere mas a un tipo de sociedad distinta a la de ahora. Y entonces en mis chaquetas mentales pensé que Yo tengo un novio mexica y me pregunte....el por qué de la conquista a Tenochtitlán, el por qué tantos guerreros mexicas y pocos españoles y aun así pudieron conquistarlos. Todo se reducía a que las significaciones imaginarias sociales que tenían los mexicas eran muy diferentes a los españoles y esto fue un Bum para los conquistados.

Era una sociedad donde sublimaban su entorno y lo consagraban en su religiosidad. Esta sublimación hacia a que sus pulsiones sexuales o mejor dicho biológicas, no tuvieran que ser reprimidas y así no causarles una enfermedad psicológica, ellos gracias a su modelos identifica torios que era la Naturaleza como lo decía el Popol vhu eran hechos del maíz y su imaginario de la psique hacia a que sublimaran todo lo que tenían alrededor y hacían a que sus bajas pasiones las desfogaban en el placer de inmortalizar la naturaleza.

Tenían la fantasía que corresponde también a esta sublimación de lo se asombraban ante sus ojos, tantos dioses y la mayoría relacionados a la vida y a la muerte, enseñanzas de la madre naturaleza.
El deseo de vivir intensamente como guerreros y así consagrarse inmortales como sus dioses para que después de la muerte acompañar al sol o a la luna o algún simbolismo de identificación como objetos de sublimación de su psique.

Por eso parte de la conquista no fue la fuerza, ni el poder, ni la autoridad y la sumisión, fue el impacto psicológico de sus modelos identifica torios que los mexicas tenían de su vida de excesiva sublimación de lo más hermoso de la vida que era la naturaleza, esos sentimientos instituidos como algo sagrado e inmortal que tenían sus roles de vida ante la barbaridad del español ante sus ojos.

Bueno hoy como veras pensé mucho en ti. No se mucho del tema pero es lo que pensé. 
Ahora entiendo, internalice tu amor por los mexicas, y no es hacerlos las víctimas, pero si el impacto psicológico de nada mas imaginarlo me da escalofríos.

lunes, 13 de junio de 2011

Gts d miel, (la ninfa vouyerista)

Caminaba muy pensativa con una bolsa de plástico en la mano, se detuvo a mirar un letrero en la esquina: “Callejón del Diablo”, era el nombre de la calle; siempre le había parecido una extraña coincidencia que la persona que visitaba viviera en una calle denominada así. Transitó por la acera hasta llegar a una puerta de madera muy gruesa con una aldaba antigua de león, miró detenidamente alrededor, observó la cámara y encontró justo a un costado el interfón; después de pulsar el timbre escuchó la voz de una mujer joven que le preguntó muy seriamente: “¿A quién buscas?”.

Se abrió la puerta, entró empujando un poco y luego siguió el camino de piedra que se abría a un costado de la casa, el camino la llevó a unas escaleras que finalizaban en un jardín tan grande que parecía barranco; el clima era cada vez más fresco y con árboles muy altos, bajó hasta llegar a un tapanco con muchas hojas de palma. Salió una joven mozuela a recibirla y le solicitó sentarse en una silla en lo que esperaba su turno.

Por fin mencionaron su nombre y le indicaron descender nuevamente unos escalones mucho más angostos, internándola entre la vegetación del jardín. Llegó a una choza la cual presumía una tela colgante haciendo las veces de puerta, abrió la cortina y vio a un hombre sentado en un banco casi al ras del suelo, vestía un pantalón holgado y una camisa muy suelta, lucía un gorro africano y su cuello destacaba invadido de collares de cuentas de colores. A un costado de él se encontraban unas calderas con estacas, palos, palmas, machetes; muñecos muy extraños; piedras en forma de caras con ojos y boca simulados con conchas; manojos de papel con plumas, una cabeza de gallo, sangre y ron. El olor que envolvía la atmósfera de ese lugar era penetrante, entre agradable por la combinación del humo del puro pero al mismo tiempo intimidante.

-Siéntate, mi cielo –dijo el hombre- Quiero que me apuntes tu nombre completo y tu fecha de nacimiento, tal como aparece en tu acta. Te vas a quedar descalza y te pones aquí.
-Traigo todas las cosas que me dijiste. –dijo la joven mientras ponía la bolsa de plástico sobre el suelo.
-Muy bien, mi niña. Entonces, vamos viendo qué te marca.

Aquel hombre tomó los chamalongos con una mano y los aventó hacia arriba dejándolos caer libremente sobre la piel de venado que había en el suelo; le pidió a la chica que cerrara los ojos y se movió alrededor de ella hablando en lengua yoruba. Le tocó ambas manos, la cabeza y los pies con las corazas de coco, la acarició ligeramente por la espalda haciéndola sentir un ligero escalofrío. Un vaho envolvió su cuerpo provocando un extraño cosquilleo, su mente se dividía entre el asombro y el proceso de racionalizar todo lo que sucedía en su exterior, quería abrir los ojos pero no podía, como si una fuerza los mantuviera cerrados. El olor a ron, sangre y puro le generaba excitación; las imágenes de aquellas ollas con clavos enormes y piedras sangradas seguían circulando por su cabeza. Se escuchaba el azote de las cáscaras de coco una y otra vez, y palabras extrañas que no podía comprender: “Sa mansa, Elleife, san tembo, Alafia”.

-Mi niña, necesitamos otro tipo de trabajo para lo que tú quieres.
-¿Necesitas que traiga más cosas?
-Sí, y necesito algo muy particularmente tuyo. Algo muy íntimo, vamos a trabajar con Oshún.
-¡Mmmh!, Íntimo… ¿Calzones? –preguntó dudosa.
-Sí, ¿Puedes comprar unos de color púrpura?
-Tengo unas tangas.
-Excelente. Pero no sólo son los calzoncitos, necesito también de tus fluidos.
-¡Oh! ¿Tengo que guardar mis fluidos en algún recipiente?
-Pero tiene que ser al instante.
-¿Y eso qué significa?... ¿Me vas a coger? –preguntó sorprendida.
-No me refiero exactamente a eso.
-Es que no entiendo, explícame despacio. Tengo que traerte unos calzones púrpuras con mi esencia, aparte necesitas mis fluidos recién salidos producto de la excitación. Sólo que el problema es, que no me gustan los hombres ni las vergas.
-No tengo que ser yo, puede ser una mujer que te excite y guarde todo lo que salga de tu vagina.
-Bueno, si es una mujer no tengo problema, pero si eres tú, sí.
-Relájate, yo sólo haré la ceremonia. Entonces, tú dime cuándo puedes, porque tiene que ser de preferencia en la noche. Mi novia será la que me ayude, para que te sientas con más confianza.
-Este fin de semana puedo.
-Perfecto.
-¿Qué tengo que llevar?
-Yo llevo todo. –Dijo él con una sonrisa torcida.
-Me das miedo. –Contestó ella con expresión pícara.
-Verás que te irá muy bien.

Mientras esperaba sentada en la terraza a que pasaran a buscarla, dudó en lo que el señor Brujo le había dicho, la paranoia se apoderó de su mente y dando rienda suelta a la imaginación supuso que todo era una farsa para cogérsela entre varias personas. Se levantó y fue al baño a mirarse, se veía linda con su falda, sus calzones púrpuras debajo y una blusa de botones. Se polveó nuevamente la cara y se untó una capa más de brillo sobre los labios. Se escuchó a lo lejos el timbre del celular, suspiró y salió del baño para tomar su bolso e irse.

Un Volvo negro la aguardaba estacionado a la entrada de su casa, se encontraba una mujer rubia de copiloto volteando hacia la puerta; el Brujo parecía transformado totalmente, portaba una camisa negra, el cabello suelto y unos lentes oscuros. La puerta cerró y el auto arrancó. Cenaron en un restaurante y bebieron dos botellas de vino tinto, al terminar se dirigieron a una casa con muy pocos muebles en donde era evidente que nadie vivía. Subieron las escaleras; una de las habitaciones lucía amueblada, tenía un tocador con un espejo enorme, una cama king size, y un baño con ducha y tina. El Brujo prendió la luz y comenzó a colocar todos los insumos sobre el tocador, prendiendo las velas una por una y colocando una serie de objetos.

La mujer rubia no ocultaba su nerviosismo a pesar de experimentar los efectos del vino tinto, se sentó en una orilla de la cama a mirar lo que hacía su pareja mientras la otra chica se aventó por completo boca abajo intentando mentalizarse en que debía dejar las cosas fluir; su falda había quedado ligeramente levantada dejando entrever sus largas piernas. Una vez que terminó de acomodar todo, el Brujo volteó hacia las dos mujeres y les sugirió que se relajaran un poco más: “Si quieren fumar marihuana para relajarse, no hay problema”.

Fumaron las dos del porro, la rubia le sonrió a la otra chica, y ésta en respuesta aspiró hasta llenar completamente sus pulmones, tomó a la rubia del cuello para besarla e introducirle todo el humo de la marihuana. Comenzaron a besarse lentamente, el Brujo dio inicio a su lengua desconocida mientras la chica en cuestión desvestía a la mujer rubia apasionadamente hasta desnudarla por completo; la acomodó en la orilla de la cama, le separó las piernas y comenzó a lamer suavemente su vagina. La rubia tomaba con sus manos el cabello de aquella mujer que le parecía demasiado joven como para estarle haciendo un oral tan intenso. Lentamente la pasión entre ambas brotaba, haciendo que la mujer desnudara a la jovencita, dejándola únicamente con sus calzones púrpuras: “Chúpale todo y déjala bien mojada” –dijo el Brujo con expresión seria pero evidenciando lujuria.

El objetivo se cumplió, la joven empezó a excitarse demasiado; entretanto la rubia tomó el control de la situación, con una mano acariciaba su cabello mientras le decía cosas dulces al oído, y con la otra comenzó a masturbarla para que lubricara totalmente. El calzón iba cambiando a un color más oscuro, la humedad era cada vez más intensa. De pronto, la chica tomó a la rubia de una mano y la jaló hacia ella pidiéndole que se montara en su vientre. La mujer rubia se movía circularmente entre la pelvis de la joven, tocándose las tetas y lamiendo sus labios y el filo de sus dientes, se levantó un poco y rozó con sus dedos medios la comisura de las ingles, dejando un espacio para que la jovencita pudiera masturbarse.

Sintió su primer orgasmo pero ella seguía caliente, se abalanzó sobre aquella mujer tan estilizada, de largo cabello rubio y tan lacio como hilo; olfateó cada rincón de su cuerpo, llegando al cuello le dijo: “quiero cogerte, ¿tú quieres?”. Recorrió sus manos por todo el vientre hasta llegar a la pelvis frotando suavemente el clítoris humedecido, la rubia se asió de su cuerpo y la giró quedando ella boca arriba ubicándose estratégicamente justo frente al espejo del tocador. Chupó los pezones de la jovencita al mismo tiempo que sus ojos miraban obscenamente a su hombre sentado mirando muy atentamente cada uno de sus movimientos; ella le sonrió retorcidamente mientras bajaba lentamente por el abdomen de la chica hasta llegar a su vagina.

El Brujo cruzó la pierna y tomó la caja de cerillas del tocador para encender su puro, contempló aquella danza fémina entre su mujer y la joven. Todo el escenario en conjunto era intenso; los gemidos y el morbo de ver a su novia excitada por una mujer, además de esa chica que cogía con una soltura tan desinhibida a pesar de saberse observada, le hicieron sentir cómo su miembro se hinchaba mientras su novia se había vuelto completamente loca al experimentar la pasión y el deseo de comerse una vagina. Fue abriendo su bragueta y lentamente sacó su enorme miembro, frotó pausadamente la cabeza mientras veía un par de nalgas subir y bajar cuando las dos mujeres se hacían un mutuo oral en posición 69. Restregó frenéticamente su pene hasta ponerlo regio como un fuste, se paró justo a un lado de ellas viéndolas detenidamente. Las mujeres seguían tocándose y metiéndose dedos por todos los orificios posibles, se evidenciaba una conexión muy fuerte, una euforia incontenible, deseaban seguir friccionando sus cuerpos hasta que la joven decidió montarse sobre la rubia y frotarse encima de ella logrando soltar aquellos líquidos torrenciales entre sus senos mientras miraba fijamente al Brujo masturbarse frente a ellas.

La joven chica experimentó una extraña sensación en su cuerpo, se dejó caer hacia atrás quedado inmóvil y agotada, sus bragas le fueron retiradas por el Brujo quien las colocó en un recipiente con varias sustancias y objetos; después él se recostó a un lado de la jovencita con un bote de miel y acomodó su oscuro cabello de lado mientras murmuraba en tono muy bajo algunas palabras en su lengua santera, metió un par de dedos en la miel y comenzó a embarrar el cuerpo de la chica y esparcirla por sus senos, el cuello, el abdomen, la pelvis, las piernas: “Llénate toda, cubre todo tu cuerpo hasta los dedos de los pies”.

La cargó hasta la tina del baño, decorado con velas e inciensos, la chica esparció la miel por todo su cuerpo repitiendo las palabras que le dijo el Brujo. La miel goteaba en la bañera, sus dedos resbalaban por su piel provocándole una sensación deliciosa. El Brujo le acercó el recipiente que contenía sus bragas junto con flores y piedras, la jovencita exprimió toda la miel vertida de su cuerpo sobre el recipiente hasta llenarlo: “Mejor no pudo haber sido”, exclamó el hombre tocando la barbilla de la joven. El Brujo salió por la puerta dejándola sola, ella miró detenidamente su alrededor, la luz de las velas provocaban un estado de relajación, llenó la tina mientras se soltaba el cabello y acercaba una toalla, escuchó gemidos en el cuarto, se sambutió en el agua y se quedó un rato escuchando al Brujo y su novia coger intensamente. Se lavó el cuerpo y el cabello, se acomodó en la tina, cerró los ojos y sonrió. Ella sabía que a partir de esa noche, había dado un giro radical a su vida. Secó su cuerpo y el cabello con la toalla, después la envolvió en su cadera, metió sus dedos en la miel que había en el frasco para olfatearla y saborearla, sacudió su cabellera, giró la manija de la puerta y salió a integrarse nuevamente con sus acompañantes.
L.N.V.

.....

Llegó por mí en una camioneta roja, marcó a mi celular y colgó. Tomé mis cosas y bajé las escaleras corriendo, abrí la puerta y me acomodé en el auto. Desde el primer beso de saludo tuve la sensación de que esa noche sería intensa. Llegamos a la fiesta. Subimos las escaleras de madera y entramos al bar; como siempre, había algunas tantas caras conocidas y otras nuevas. Nos sentamos en la barra y pedimos un whisky de litro, prendí mi cigarro y di un sorbo a mi bebida. Se acercó Imelda a saludar, teníamos mucho sin vernos, nos dimos un abrazo efusivo y le presenté a Karla. Después de llevar charlando varios minutos, Karla comenzó a meter sus dedos por debajo de mi blusa de manera muy discreta, sobó con la punta de su dedo una a una las vertebras de mi espina dorsal. Encontró el broche del brassiere y recorrió el resorte hasta llegar debajo de mi axila. Imelda notó mi expresión de sorpresa, sentí como se detenía la punta del dedo justo en la comisura del brazo, una fuerte sensación de cosquillas me estremeció. Seguimos platicando hasta que Ximena se unió para saludar a Imelda, intercambiaron unas cuantas palabras mientras Karla me toma de la mano y me acerca a su boca:

-¿No quieres ir a comprar unos cigarros? –dijo con tono suave.
-Todavía me quedan unos, ¿por qué?- pregunté.
-Pero se terminarán pronto, podría secuestrarte un momento y acompañarte a la tienda a comprar cigarros.
-Ya veo tu interés de salir a comprar cigarros.
-Será algo rápido, no te entretendré mucho, lo prometo.

23.45 - 00.25 Hrs.

Karla se estacionó cerca de una agencia de autos, la calle estaba oscura y no se veía mucho movimiento de gente. Apagó el motor de la camioneta, subió los cristales, seleccionó una carpeta de canciones y se abalanzó sobre mí; mientras me besaba con su aliento alcohólico me desabotonó la blusa, tomó mis piernas y me jaló hacia ella tirando de mi falda con todo y bragas, desabrochó mis converse arrojándolos por un lado del asiento y me empujó hacia la puerta. La camioneta era doble cabina lo cual la hacía muy espaciosa. Uno de mis brazos se recargaba en la codera de la puerta y el otro se sostenía del cuello del asiento; mis piernas estaban abiertas y una mujer me lamía encarecidamente introduciendo sus dedos de uno en uno, empujando mi pelvis con el giro del dorso de su mano.

-Eres una puta, me encanta cogerte donde se me pegue la gana. – dijo, sin voltear.
-Te gusta coger en la calle y que nos vean, ¿verdad, cochina?- le contesté.
-Me encanta exhibirte, que vean lo que me como. Quiero que me mojes los dedos. Así chiquita, lubrícame la mano, que te la meteré toda.
-¡Argg! ¡Qué rico!, me encanta que te pongas así de salvaje.

Empezó a meter el quinto dedo y girar lentamente para introducir la mano completa; mientras empujaba su mano seguía tocando con la punta de su lengua mi clítoris a punto de reventar de la excitación. Su cúbito y el radio quedaron envueltos en mi vagina, una fuerte sensación de transgresión invadió mi cuerpo. Cuando miraba mi vagina podía apreciar su brazo moviéndose intempestivamente como si fuera un enorme falo. Colocó la mitad de su cuerpo encima del mío sin dejar de moverse frenéticamente. Su sensación de poder era inconmensurable, gemía fuertemente, lamía desesperadamente mis tetas como si planeara arrancarlas a mordidas en cualquier momento.

-Cógeme fuerte, así como sólo tú lo sabes hacer, mamita. – Le dije.
-Ábrela, ábremela toda.
-No, porque me vengo, todavía no quiero, quiero que me cojas más.

Siguió metiendo hasta topar su puño, como si quisiera partirme en dos; era mi castigo por provocarla. Sus gemidos se tornaban más secos, más como de mujer poseída; metía y sacaba el brazo frenéticamente, hasta que ya no pude más y comencé abrir mi vagina plácidamente.

-Quiero que me salga tu brazo por la boca. Cógeme, así, así, fuerte, fuerte- le dije.


Acomodó mi cuerpo boca abajo, una de mis rodillas rozaba la palanca de velocidades, podía verse claramente mi culo por el parabrisas. Ella ajustó su cabeza entre mis piernas logrando chupar mis labios vaginales perfectamente. Comenzó a mover su brazo y mientras mi culo se erguía en el aire mi vagina se encontraba completamente asediada por una mano violenta y castigadora; mis piernas se tensaron, mi rostro comenzó a subir de tono, sentía mi clítoris tan hinchado que las venas de mi sien comenzaron a saltar. De pronto tuve esa sensación extraña en mi vejiga, no pude cerrar los ojos, solo miraba por la ventana de la puerta, pensando: “si alguien se asoma por esa ventana, me va mirar bien ensartada.” Mi quijada empezó a trabarse, mis piernas temblaron pronunciando un espléndido chorro de agua tibia que salía entre su puño y escurría por su boca. Conmocionada seguía moviendo el brazo fuertemente hasta que unas convulsiones se apoderaron de mi cuerpo y caí encima de ella sin poder mover un solo músculo más. Me recosté sobre la puerta e intenté acomodar mi cabello. Karla comenzó a sacar lentamente su mano de mi vagina. En cuanto fui libre me giré y puse mi cabeza sobre el antebrazo, me sentía agotada, el asiento mojado, mi ropa desaparecida, me encontraba totalmente desnuda. Apenas intenté acomodarme sobre el asiento cuando la puerta se abrió.

23.51 – 00.30 Hrs.

Se encontraba cansado mirando la televisión, ya se estaba haciendo noche y era momento de salir a regar las plantas. Ya sumaban alrededor de cuatro días en total abandono; cuando llegó de la oficina notó que algunas ya parecían algo tristes por falta de agua. Pensó que un día más sin regalarlas no implicaría gran problema pero un cargo de conciencia lo obligó a levantarse. Llegó primero a la cocina, sacó una salchicha del paquete del refrigerador, le quitó el plástico y comenzó a mordisquearla como puro. Abrió la puerta y fue por la manguera para regar el jardín. Había un gran jazmín justo en la cochera cubriendo gran parte del enrejado que daba a la ventana, lo cual para Benjamín estaba perfecto, así no dejaba entrar totalmente los rayos del sol además de cubrir su ventana y evitar las miradas morbosas de la gente que pasaba siempre frente a su casa, asimismo le producía un enorme placer oler el jazmín justo cuando bajaba de su auto.

Abrió la llave y comenzó a regar en la oscuridad, prefería pasar desapercibido. Se escuchó a lo lejos que su esposa preguntaba algo pero él le gritó que no alcanzaba a escucharla. Regó los rosales que estaban cerca del muro que daba a la casa de a lado. De pronto se estacionó una camioneta justo afuera del jardín. No escuchó el azote de las puertas, supuso que no bajaría nadie al mismo tiempo que oyó que encendían el radio y algunas risas.

Mientras seguía regando el pasto se acercó al jazmín y a las begonias, cuando de pronto escuchó un sonido como quejas o gemidos pero el correr del agua sobre la tierra no le permitía distinguir bien el ruido, pensó que tal vez estaba paranoico y era la misma música que sonaba. Descubrió que uno de sus ficus se estaba secando terriblemente, sus ramas lucían cada vez más secas y con poco follaje, colocó la manguera a un costado dejando fluir el agua sobre el pasto en lo que intentaba revisar en la semioscuridad el arbusto. De pronto se oyen fuertes gemidos, efectivamente no era su imaginación, se asomó entre las ramas del jazmín, intentó hacer un hueco para mirar mejor la camioneta y se encontró con una espalda desnuda pegada al vidrio, moviéndose extrañamente. Gritos, gemidos, más gritos: ¡Cógeme! Así, así.

El agua seguía corriendo por el jardín, Benjamín observaba pasmado: ¿Son dos chicas?, Sí, las dos tienen tetas. Pero cómo, qué le está haciendo, por qué grita así la otra. Un tremendo morbo se apoderó de Benjamín, no podía creer lo que sus ojos veían, estaban dos jovencitas desnudas cogiendo en una camioneta justo afuera de su jardín. Su esposa se acercó a tratar de mirar lo que tenía tan entretenido a su esposo, ya eran cinco minutos los que llevaba hablándole y no le contestaba, se acercó por detrás y preguntó: ¿qué miras, chismoso? ¿De cuándo acá te interesa la vida de los vecinos?

El tremendo susto que le causó el comentario de su esposa lo dejó mudo para responder a la pregunta, la mujer intrigada se asomó por entre los arbustos del jazmín tratando de identificar lo que tenía a su marido tan absorto. Enfocó su vista, había una camioneta roja justo estacionada afuera de su casa, se veía a una chica desnuda que daba frente al vidrio de la puerta, sosteniéndose del marco, con los ojos cerrados, las tetas al aire haciendo expresiones de placer desbordado.

-¡Jesucristo! Tenemos que hablarle a la policía.- Exclamó la señora.
-¿Tú crees que sea necesario?
-Pero todavía lo dudas, Benjamín, ¡Por Dios! Eso es un insulto a nuestro hogar, que la gente se vaya a los moteles, por qué tienen que venir a hacer sus porquerías afuera de nuestra casa.
-Puede ser que no las dejan entrar a un motel. No tengo idea si a las lesbianas las dejen entrar a esos lugares.
-No me importa, pásame el teléfono… ¡Ándale, no te quedes parado como idiota!

00.25 – 01.15 Hrs.

Se estacionó justo a unos metros atrás, bajó con una linterna y alumbró la cabina del auto, se percató de dos féminas entre 20 a 25 años, desnudas. Hizo una señal de silencio a su compañero. Abrió la puerta de la camioneta intempestivamente descubriendo a una de las chicas completamente sin ropa, cruzando sus piernas rápidamente para cubrirse.

-Se visten, por favor, tenemos una queja de los vecinos. Vamos a proceder a llevarlas por faltas administrativas.- Dijo el policía.
-¿Podría cerrar la puerta en lo que me visto?
-Pero no se tarde.
-¿Qué vamos hacer? Nos van a llevar a los separos municipales, ¿verdad? ¡Del terror!- Dije en cuanto cerró la puerta.
-Deja le llamo a un amigo que está en la policía.- Respondió Karla.
-¿Pero por qué tantos policías? Ni que fuéramos de algún cartel.- Dije, mientras comenzaba a vestirme.
-Les vamos a pedir que por favor, venga alguien por la camioneta, ustedes se van a subir a la patrulla.- Nos dijo el policía
-Señor policía, ¿de verdad es necesario que nos lleve?- Pregunté con cara de angustia.
-Tenemos varias quejas de los vecinos y lo que ustedes hicieron son faltas a la moral.
-¿Puedo marcarle a una persona o Usted me puede comunicar con él? Es el comandante Alberto Ortega Orozco, para comentarle de este asunto.- Dijo Karla con mucha seguridad.
-A ver permítame.

Se acercó a un compañero susurrándole el comentario de la chica. Se acercó otro a preguntar y estuvieron deliberando hasta que uno asintió con la cabeza. Uno de ellos tomó el radio.

-Sí, tenemos un 52, quiere un 53 con el comandante Ortega, dice conocerlo. Sí, por un 24-16 en la calle Francisco de Quevedo casi Circunvalación Agustín Yáñez. Sí, 37-35, bien, 4.

Se acercó a la chica. -Le marca Usted directamente a su celular, y después me lo pasa.- le dijo.

Tomó su celular y marcó, se bajó de la camioneta y comenzó a caminar de un lado a otro por la banqueta, mientras a mí me seguía mirando libidinosamente uno de los policías. Ella estaba abstraída hablando por teléfono. Se acercó al auto, y cruzó la mirada conmigo cerrando coquetamente un ojo, siguió hablando por teléfono pero ahora el tono de voz era un poco más juguetón: “Sí, sí, lo sé. Te lo juro que no vuelve a suceder. Ya está, te parece si lo dejamos entonces para el jueves. Sí, me parece perfecto. O.k. Muchas gracias amigo, y disculpa la molestia. Sí, te lo comunico. Besos. Ciao.” Quiere hablar con Usted.- le dijo al policía.

Tomó el teléfono. “Dígame comandante. Si, efectivamente fue un 16, se encontraron haciendo faltas a la moral. Sí, está bien, comandante. Como usted indique, comandante. Está bien. Entendido. Buenas noches.”

-Muy bien, señoritas, se pueden ir, pero por favor que no se repita.-Les advirtió.
-No se preocupe, oficial, no volverá a ver una escena como esta de nuevo. -Dijo sonriendo suciamente mientras prendía la camioneta. Sacó un cigarro, subió un poco el cristal, prendió el radio y le mandó un beso.
-¿Quieres regresar al bar o te gustaría terminar este asunto en tu casa? –Me preguntó.

No pude más que sonreír a su pregunta, me tomó de la mano y la puso sobre la palanca de velocidades y volviéndome a cerrar coquetamente el ojo, arrancó.

de: La.Ninfa.V.

jueves, 19 de mayo de 2011

FALTAS DE MORAL

N.V.
Mis parafilias son: Sadomasoquista, Voyeurista, Fetichista, Ninfomana, Frouterista, Exhibicionista, Hipoxifilia, Escatología Cibernética (jajajajaja)... Ah! y paidofilia rusa -bueno no necesariamente tienen que ser rusas, o.k.?!-
N.V.
declaraaadaaa. !!!!! soy gay y no me importa lo que digan solo que tengo una sed inmensa de expresar o que siento y quiero en esta vida!

jueves, 7 de abril de 2011

Tum balalaika

Shteyt a bocher, shteyt un tracht,

Tract un tracht dem gantze nacht:

Vemen tsu nemen un nit farshemen?

Vemen tsu nemen un nit farshemen?

***

Un mozo se tiene en pie,

en pie y piensa

Piensa y piensa toda la noche:

¿A quién elegir y no ofender?

¿A quién elegir y no ofender?

****

Tumbala, tumbala, tum balalaika

Tumbala, tumbala, tum balalaika

Tum balalaika, shpil balalaika

Tum balalaika, freylach zol seyn.

***

Suena bala, suena bala, suena balalaica

Suena bala, suena bala, suena balalaica

Suena balalaica, toca balalaica

Suena balalaica, sé alegre.

****

Meydl, meydl, ch'vel bay dir fregn:

Vos kon vaksn, vaksn on regn?

Vos kon brenen un nit oyfhern ?

Vos kon benken, veynen on trern?

***

Moza, moza,

¿te puedo preguntar?

¿Qué puede crecer, crecer sin lluvia?

¿Qué puede arder, arder sin parar?

¿Qué puede llorar, llorar sin lágrimas?

****

Narisher bocher, vos darfstu fregn?

A shteyn kon vaksn, vaksn on regn.

Libe kon brenen, un nit oyfhern.

A harts kon benken, veynen on trern.

***

Mozo estúpido, ¿qué estás preguntando?

Una piedra puede crecer, crecer sin lluvia.

El amor puede arder, arder sin parar.

Un corazón puede llorar, llorar sin lágrimas.

Suena balalaica


Canción infantil (Yiddish) Canción infantil (Español)