Me derspierto de madrugada.
Sin motivo, sin razón.
La casa permanece muda.
A veces, el insomnio repentino se empeña en jugarme malas pasadas.
Intento acomodarme.
Me doy vuelta.
Giro la almohada.
Estiro la sábana y cierro fuerte los ojos.
Pero no hay caso.
Lenta y pausadamente, comienza mi mente a ser invadida por imágenes.
Una... dos.... tres....mil! Los recuerdos se suceden en mi cabeza a una velocidad tal que me cuesta diferenciarlos unos de otros.
Lentamente voy quitando de debajo de la almohada mi mano derecha.
La muevo entre las penumbras de la habitación.
Comienzo a buscar en ella alguna huella, alguna marca, acaso una cicatriz, un rasguño, un apretón o el roce de tus dedos, una cosquilla o una caricia que haya quedado olivdada.
Pero no hay caso.
Mi mano es olvidadiza y se pierde entre las imágenes que se disparan como flashes, cuanto más intento dormir.
De a poco me voy desvaneciendo....
Cayendo en un abismo.
Dejando de sentir el cuerpo desde los pies...
las piernas...
la cintura...
En unos segundos creo haber sido decapitada por la inercia de mis extremidades.
Sólo siento mi cabeza, flotando en el puente vacío que me conduce de la vigilia al sueño en pocos segundos.
En los últimos instantes, logro distinguir una idea antes de ser apagada por los primeros colores de mi subconsciente:
una idea que me dice que busque en mi alma,
que ahí sí conservo muchas huellas tuyas.
RP
No hay comentarios:
Publicar un comentario