Como es su costumbre le dio unas fumaditas al rocket para poder lavar los trastes que tenían como una semana de rezago, se habían convertido en mujeres mucho muy ocupadas entre el nuevo negocio, sus trabajos estables y demás actividades socio-familiares; mantener la casa arreglada se convirtió en una verdadera proeza.
En lo que Mariana hacía todo un ritual exorcista con sus guantes de hule, aerosol perfumado, estados oníricos para bloquear los olores y espíritus malignos de la comida en estado de putrefacción, le llegó un viajesote que ni se imaginaba, una vez más la mota de Santa Susana estaba bastante pegadora.
Comenzó a sacar traste por traste de la tarja para acomodarlos por secciones, todos los plásticos, la loza, lo metálico, etcétera. Se armó de valor e intentó proceder con la limpieza a conciencia de la cocina, mientras que Romina salió al patio a distraerse un poco mirando por el balcón una circulación masiva de bicicletas en la Vía Recreactiva, hasta que el sol comenzó a mordisquear su cuerpo obligándola a refugiarse dentro de la casa. Después de unos minutos se metió al baño y se puso unos pants y una playera sin mangas.
Mientras Mariana seguía haciéndose a la idea de apilar secciones de trastes sucios, llegaba Romina muy juguetona a darle unos repegones por detrás.
-¡Ejeleeee!
-Mmm, que ricas nalguitas.
-Se siente algo, ¿qué traes puesto?
-A Óscar.
-¿Y eso? No me digas que te excita que lave trastes enlamados.
-No. Lo que me excita es verte encuerada lavando trastes, ja, ja, ja.
-Pues créeme que a mí no me parece nada divertido, me estoy comenzando a mal viajar.
Romina se tiró en la cama con las piernas abiertas para que aquél bulto provocado por el dildo se viera mucho más pronunciado, prendió la T.V., cambió de canales compulsivamente y comenzó a manosearse su bultito.
-¡¡¡Aaaah!!! -Un grito estilo película de terror hollywoodense.
-¿Qué pasa?
-¡¡Guacalaaaa!!
-¿Qué te traes?
-No puedo lavar los trastes, estoy muy pacheca y esto es demasiado para mi umbral de asquerosidad.
-Está bien, yo lo hago. Pero ahí andan las viejas en miles de cosas. ¿Y la casa?… bien, gracias.
-¡Ya se!
Mariana se salió al patio a tomar un poco de aire fresco y distraerse mirando la gente que andaba por la Vía. Duró alrededor de veinte minutos en el sol sin darse cuenta, al regresar a la casa se percató que Romina ya estaba terminando de acomodar los trastes recién lavados. Ahora fue ella la que se aventó a la cama a mirar la televisión mientras Romina terminaba los quehaceres.
-¿Vas a fumar otra vez?
-Sí, quiero ver una película.
-Yo ya terminé.
-¡Yey! Qué bueno, la verdad me declaro incompetente en ese tipo de menesteres.
Se acomodó Romina a un costado de Mariana, le tomó la mano y la puso sobre aquel bulto entre las piernas. Mariana le sonrío, tenía el rocket en una mano y la otra sobre Óscar, pero volteó a seguir mirando el monitor. De pronto, Romina comenzó a robar su atención con caricias y besos por todo el cuerpo y frases sugestivas cerca del oído.
Mariana comenzó a extasiarse con aquella estimulación de sentidos, la mota había logrado hacerla sentir de manera intercalada cada una de las sensaciones que le provocaban en el cuerpo, comenzó a disfrutar ese calor que emergía de entres sus piernas. Romina se deleitaba observando las expresiones de aquella mujer envuelta en sensaciones, se levantó rápidamente para colocar una película porno en la televisión. Apareció Sean Cody desvistiendo a un hombre joven y varonil para hacerle sexo oral. Las dos se detuvieron a mirar la película, pero en menos de cinco minutos volvieron a su asunto.
Romina se dio a la tarea de llevar al extremo de la calentura a su novia con frases vulgares, Mariana respondía a cada comentario de la misma manera, los cuerpos comenzaron a segregar sudor, se sentía la temperatura elevarse en cada rincón del cuarto. Romina buscó en el cajón del buró un paquete de condones, Mariana se lo quitó con la boca y la jaló hacia ella.
Se enredaban sus cuerpos como si fuesen un par de serpientes; Mariana comenzó a bajarle el pants a Romina, abrió el paquete con los dientes escupiendo un trozo de plástico que le había quedado entre los labios y lo fue colocando lentamente. Romina le pasó nuevamente el rocket a Mariana mientras le decía “Fuma y dame un shot gun”. Mariana aspiró lo más que pudo aquella combustión y exhaló en la boca de su mujer todo el humo grisáceo que salía de sus pulmones. Romina cogió el control remoto de la T.V., puso la película en mute y conectó la computadora al estéreo para escuchar música en lo que Mariana se perdía mirando el techo sonriendo.
-¿Qué te da risa?
-Que hoy me vas a poner un cogidón.
-Así es, mi vida, estás en lo cierto.
-Ja, ja, ja. Lo sé. ¿Sabes qué se me hace súper chistoso? –dijo mientras se cubría la cara con las manos.
-¿Qué?
-Que eres la única persona con la que me nace ser pasiva, es decir, antes si me gustaba pero nunca fue mi hit, siempre me gustó más la onda activa, pero contigo… es raro, no sé cómo explicarlo, es que… es como si la pasividad fuera la onda, ¿sabes cómo?… ¡Chale, no me hagas caso ya estoy pacheca!
Se acercó hacia la cama en puros calzones y con una erección plástica, se colocó entre los pies de Mariana, la tomó de las piernas y la jaló hacia ella, Mariana se sostuvo de su cuello y se amoldó a su cuerpo. Lentamente Óscar fue introduciéndose entre las piernas que se escurrían de un lubricante cálido e inodoro.
Romina se internó lo más profundo que pudo, al grado realizar un perfecto embrocamiento de su cuerpo. Sus sentidos comenzaron alterarse dando inicio a un delirio candente deseando un sexo desenfrenado y salvaje, fue como si algún ente extraño se hubiera apoderado de ella, un ente monstruoso, gigantesco, malévolo y lujurioso. Comenzó una lucha de poder, el sometimiento contra la resistencia, quería derrocar a Mariana, tragársela, reventar su cuerpo, doblegar su firme convicción de aguantar el embate hasta las últimas consecuencias.
Se escuchaba una voz a lo lejos que decía “And now I know who's in control, and now I know who’s in control…”, mientras la transgresión del cuerpo se efectuaba. La quijada de Romina estaba trabada, su rostro enrojecido, líneas de sudor se marcaban en su pecho, la mirada estaba perdida en algún lugar de su mente en donde su identidad había sido perturbada. Mariana estaba a punto de eyacular, intentaba contener su orgasmo para no ceder, quería resistir un poco más. Romina comenzó a morder su cara desesperadamente mientras balbuceaba frases entrecortadas, los ojos de Mariana delataron un “Me rindo, ya no puedo más, me vengo”, cuando la nariz de Romina comenzó a sangrar mientras su cuerpo se movía estrepitosamente. Una mácula roja recorrió su boca y mentón hasta gotear sobre las tetas de Mariana provocando en ella un geiser cálido. Romina suelta un grito seco y estruja el lánguido cuerpo de su acompañante mientras sus piernas se convulsionaban por el estallido neuronal de un orgasmo.
Los ojos de Mariana quedaron abiertos y fijos en un punto imaginario, su boca entreabierta, su mente en blanco, en lo que el cuerpo de Romina encogía lentamente volviendo a su tamaño original, se fue acercando discretamente a su mujer que permanecía enmudecida, se acomodó a un costado de ella abrazando su torso y envolviéndose con sus largos brazos. Mariana se preparó para recibirla y volviendo a enredar sus extremidades como si fuesen un par de hiedras, se acomodaron para descansar. Mariana cerro los ojos, y en su pachequez, podía mirar como en una película que se proyectaba por dentro de sus párpados una toma cenital en donde se encontraban ambos cuerpos entrelazados, ella seguía con la mirada perdida en el techo, con el cuerpo pálido de tan cansado y la boca blanca y seca, mientras Romina hacía dibujos con la sangre de su pecho.
L.N.V
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