lunes, 22 de junio de 2009

noche inolvidable

Era la noche del 31 de diciembre, fría pero llena de luces de mil colores en las calle y ruidos de multitudes encerradas en casas habitación, salieron las dos vestidas para la ocasión, era El Rito de Año Nuevo, habría cena, muchas bebidas y postre mágico.
Llegó la hora, un celular sonó por un par de segundos y colgó, efectivamente esa era la señal para bajar, saliendo del edificio había una camioneta gris Oxford estacionada, era Diego y Liza que habían pasado por Romina y Mariana muy emocionados y con la cajuela llena de bebidas de distintas marcas, hielo y refrescos.
-Romina, ¿quieres manejar?
-No, Diego, déjame decirte que esta noche es MI noche, me pondré bien peda y no pienso agarrar el auto para nada.
-Muy bien, esa es la actitud, amigui.
-Así es, mi Dieg, yo hoy no manejo, yo hoy me divierto.
-Amiga, me parece excelente, yo también quiero festejar mi llegada, quiero probar ese postrecillo.
-Mijis, ¿pasaste por la materia prima?
-Ay, Mariana, Eliam ya hasta la cocinó.
-Bueno, yo sólo preguntaba.
-Tú confía, va estar bien-buenísimo.
Llegaron a la casa de color tinto-marrón, bajaron las cosas de la camioneta, tocaron la puerta y salió Eliam muy arreglado y haciendo reverencias a los invitados: Bienvenidos sean todos –dijo con tono muy ceremonioso. Entraron los cuatro emocionados, se percataron de que eran los únicos invitados, la hermana de Eliam y su novio estaban en la sala y traían un plan muy aparte de la cena mágica del Año Nuevo.
Se acomodaron cada uno en una silla del antecomedor con su respectiva bebida, en lo que Eliam se dirigió al horno para sacar la sorpresa de la noche: un pie de frutas rojas con queso hecho en casa y con ingrediente especial. Todos se maravillaron al ver tan hermoso pie, se veía muy profesional y suculento.
-Yo opino que empecemos con el postre.
-¡Dios! Tengo miedo, se ve muy inofensivo.
-Pues déjame decirte, mana, que se apestó toda la cocina a mota, ¡le pusimos 150 pesos de materia prima! Tuvimos que poner el ventilador en chinga para que se saliera toda la peste.
-¡No mamesss! –gritaron todos al unísono.
-A ver, corta una rebanada.
Eliam comenzó a repartir el postre en pequeñas porciones, un pedacito para Liza, otro mediano para Diego, uno más grande para Mariana y el enorme pedazo –como buena atascada que era- para sí.
(Chomp, chomp, chomp)
-Y tú Romina, ¿no quieres un pedacito?
-No, yo paso.
-Ándale, mana, me la pasé todo el día cocinando.
-Pues yo mejor me espero a la cena y te digo si me animo.
(Chomp, chomp, chomp)
-Está muy bueno, pero ya viste que el pan esta verde.
-Wey, te quedó bien grosero.
-Ja, ja, ja, ja, ¡Este Año Nuevo estará muy intensoooo!
Terminaron de comer el pie, Romina miraba el rostro de todos esperando ver reacciones, pero después de media hora, comenzaron las risitas y el ojito medio cerrado, cuando…
¡Ya mero, ya mero! Gritó Eliam despavorido rumbo al refrigerador a sacar la sidra y las uvas, abrió rápidamente la alacena para sacar unos vasos y puso a cada uno de los invitados a contar sus respectivas 12 uvas y ponerlas en su bebida.
-Eliam, la neta yo no quiero sidra me voy a poner súper estúpida.
-No, tú bebe, sino no se cumplirán tus deseos.
-¿Y si nos pega mucho y nos malviajamos? –preguntó Liza algo dudosa.
-Ay, no, qué mentalidad tan negativa.
-Sí, amigui, bebe, es Año Nuevo, si te pones loca Romina te cuida.
-Sí, mi amor, tú no te preocupes.
-Está bien.
-Diez, nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres, dos, uno… ¡¡FELIZ AÑO NUEVO!!
Todos bebieron rápidamente sus bebidas y comían sus uvas mientras sonaba la campa del reloj. Comenzaron los abrazos, primero se dieron un abrazo colectivo y después cada uno se fue dando un abrazo con sus respectivos deseos para el prójimo. Todos se veían realmente emocionados y contentos, pintaba para una noche inolvidable. Pasada la hora, Liza dejó de hablar y comenzó a deprimirse, estaba como ida, Diego se preocupó al verla.
-Amigui, ¿estás bien?
(Movimiento de cabeza asintiendo)
-¿Por qué no hablas?, ¿si puedes hablar?
-Sí, pero me siento triste.
-No, Liza, la mota se amolda a tu estado de ánimo, si te clavas en lo triste te sentirás mal, pero si escuchas la música y cotorreas con nosotros te va poner de muy bien humor.
-Está bien… pero es que estoy muy triste, siento que este no es mi lugar, yo no me quería ir de Inglaterra.
-Liza, tranquila tú relájate, disfruta del momento, mañana será otro día y pensarás en tu novio e Inglaterra.
-Está bien.
La conversación siguió y Liza cada vez se veía más achicopalada. Hasta que llegó un momento en que Mariana le sugirió que se acostara un rato en el cuarto de Eliam,en lo que se le bajaba un poco el avión; accedió y juntas subieron las escaleras, se acostó en la cama y abrazó un cojín que estaba por ahí, Mariana intentó acompañarla un rato pero también estaba muy drogada y comenzó a desesperarse, así que, optó por bajar y dejarla un rato acostada.
-Liza se malviajó.
-Tengo miedo de que se quede en el avión.
-Relájate, anda depre porque dejó a su british man.
-¿Y si queda loca, qué le voy a decir a su mamá? ¡Me la encargó! Imagina, ¡con qué cara!
-Hay que esperar a que se relaje un poco.
Siguieron los cuatro en la mesa, Romina se divertía de la cantidad de comentarios fumados que hacían entre ellos, todo pintaba bien, hasta que comenzó Eliam a comportarse de manera extraña haciendo sonidos guturales algo desagradables, dando la impresión de que vomitaría en cualquier momento: “Muchachos, no se mal viajen, no es que Eliam quiera vomitar, lo que pasa es que se le atoró un eructo” –dijo Romina para calmarlos, ya que tenían una cara de asco y malestar que se podía ver a kilómetros de distancia, mientras que Eliam acentía con su dedo.
Después de un momento de que habían cesado los sonidos desagradables, comenzaron a bailar por la cocina Diego y Mariana, en eso, Diego se acercó suspicazmente a Mariana y le dijo al oído:
-Amigui, ando biennnnn paaacheeeeco.
-Ja, ja, ja, ja… Yo también.
-¿Viste cómo se puso Liza?
-Sí, yo la llevé al cuarto.
-¿Por qué la gente se malviaja?
-No sé, wey, yo me siento como si me hubiera tragado un ácido pero sin malviajarme y encerrada en una casa.
-Amigui, ¿te confieso algo?
-Dime.
-Me siento mal, bueno culpable…
-Pero, ¿por qué?
-Porque me la estoy pasando biennn chiiiiido, mientras que Liza está malviajada en el cuarto y Eliam en el baño.
-Ja, ja, ja, tú no te sientas culpable, mejor disfruta tu viaje.
-Tienes razón.
Todo iba perfecto hasta que llegó Romina diciendo que Eliam andaba en la perdición total, a los minutos Mariana comenzó a sentirse rara y pidió que la llevaran con Liza al cuarto. Se subieron las dos, a los diez segundos subió Diego, a los cinco minutos subió Eliam, total, la fiesta se trasladó a la cama de la habitación.
Estaban todos a risa y risa con los comentarios intergalácticos de Eliam, se levantó repentinamente y comenzó a dar vueltas por el cuarto, después corrió al baño a prender las luces, salió de nuevo y recostó la mitad del cuerpo al filo de la cama, diciéndose a sí mismo: “Haz tierra, haz tierra, sí, sí, noooooo, no te vayas, noooo, haz tierraaaa!”. Salieron carcajadas al unísono de ver aquel cuadro tan gracioso, cuando de pronto, Eliam se levantó como si lo estuvieran exorcizando, caminó dos metros y salió de su boca un fétido río de vómito. Diego se puso rojo, se levantó como autómata de la cama y caminó hacia la puerta del cuarto, pero no había llegado al marco de la entrada cuando salió de su boca una fuente caudalosa de vómito.
Las caras de las tres chicas era como de una caricatura japonesa, ojos muy abiertos y como forma de espiral con una gotita de sudor en la sien, su boca apretada por el asco y la fuerza interior de no vomitar al ver tan desagradable fotografía. Repentinamente se soltó un hedor en todo el cuarto, se asomaron desde la orilla de la cama y miraron todo el mapa mundi que estaba dibujado en el suelo de colores y texturas, era como un cuadro gore, pero en lugar de sangre y destripadero, era vómito y retos de comida.
-Mariana, no vayas a vomitar, por favor –suplicó Romina con mirada angustiada.
-No mi amor, te lo prometo que no.
-Dios, que mal viaje, ¿qué les pasó?, ¿por qué subieron si apenas ya me estaba tranquilizando? ¡Qué ascooo!
-Mariana, agarra tu sudadera y pónsela a Liza en la cara como pasamontañas, yo voy por jabón o algo para limpiar esto.
-Gordita, no me dejes.
-No te voy a dejar, pero espérame tantito.
Mariana envolvió la cara de Liza para que no respirara aquél tóxico ambiente, Romina corrió al cuarto de servicio por Pinol para rociar en las zonas afectadas, Diego seguía en el patio respirando aire fresco y Eliam seguía en el baño devolviendo las vísceras. Una vez que se había repartido salpicones de Pinol por todo el cuarto, Romina tomó la mano de su novia que a su vez tenía agarrada la mano de su amiga, salieron en fila india del cuarto con el cuidado de no embarrar sus zapatos de fluidos gástricos.
Se juntaron los cuatro en la cocina mientras Eliam estaba recostado en la cama de aquélla cámara de gas en los tiempos de Hitler, trataron de poner música para relajarse un poco cuando entró la hermana del principal afectado intrigada por tanto ruido. Todos hablaban al mismo tiempo hasta que Romina pidió la palabra y le explicó todo el suceso. Marcia escandalizada subió las escaleras para ir a checar a su hermano, cuando de pronto se vio bajar intempestivamente con una expresión de asco en su rostro.
-No me chinguen, no se puede ni subir al cuarto –expresó atónita.
-Ya se, wey, perdón jamás me imaginé que se pondrían así todos… A ver cuándo vuelven hacer su pie de Año Nuevo, ¡¡¡ehhhh!!! –dijo Romina toda frustrada.
-Yo no he vomitado.
-Ni yo tampoco.
-Yo, sí. Es que, es que, es automático, cada que veo vomitar a alguien se me sale automáticamente. -Pues ahora no se van hasta que me ayuden arreglar todo este desastre –dijo Marcia en tono sarcástico y burlón.
-Ya ven, les dije que debemos ir a la Cruz Roja, pero no me hacen caso. ¡Vamos Liza, ándale!
-No, yo no quiero ir, no me siento tan mal, además, ¡qué vergüenza!
-Amigui, en serio no tiene caso ir a la Cruz Roja, te va pasar lo que a Memo y se van a burlar los paramédicos de ti.
Decidieron de manera democrática terminar la fiesta y retirarse a sus casas, evidentemente Romina manejo ya que en toda la noche no pudo beberse ni un vaso completo de su vodka, puesto que estuvo cuidando a Liza en el cuarto de Marcia, o tranquilizando a su novia, o checando que Eliam no se ahogara con su propio vómito.
Se trasladaban silenciosamente en la camioneta de Diego, ya habían dejado a Liza en su casa y le habían hecho un cocowash “Si tu mamá te pregunta algo, le dices que andas bien borracha porque fue Año Nuevo y agarramos la fiesta brutal”, después se dirigieron hacia la Cruz Verde después de que Diego insistió fehacientemente que quería un suero intravenoso. Romina ya toda ofuscada bajó el vidrio de su puerta y cogió la cajetilla de cigarros, tomó uno y lo prendió, Mariana comenzó a escuchar unos sonidos extraños, cuando se escuchó que Diego intentó decir “Amigui, puedes apagar tu…”.
Unas gotas de vómito salpicaron la mejilla de Romina, Mariana gritó desesperada “No, mames, otra vez nooooo” mirando hacia atrás de su asiento y quedándose petrificada al ver la imagen de Diego vomitando sobre su vaso desechable con lo que le quedaba de su cóctel escurriéndole aquélla mezcla extraña de líquidos y sólidos por la boca y la barbilla. Romina buscó rápidamente donde estacionarse, Diego se bajó lentamente y caminó hacia un árbol para terminar su limpia estomacal, Mariana se quedó parada como ida a un costado de la puerta abierta del copiloto y de pronto comenzó a reírse sola. Romina para pronto sacó los tapetes vomitados, abrió la cajuela y uso el refresco familiar como una bomba de agua, agitaba bruscamente y con la mano tapaba la boca de la botella para que el líquido saliera a presión limpiando así aquella pastosa masa.
Habían dejado a Diego en su casa y se llevaron la camioneta para poder trasladarse a su departamento, bajaron las dos sin decir una sola palabra, Romina tomó de la mano a Mariana para cruzar la calle y apretó el control de la alarma del auto. Subieron las escaleras y llegaron a su casa, Mariana estaba pálida y con la boca seca, Romina la desvistió, le dio de beber agua, le puso la pijama y la acostó, después se dirigió al baño para lavarse la cara y los dientes y desmaquillarse. Se acostó a un lado de Mariana que miraba el techo sin decir nada, la abrazó y comenzó a sobarle el cabello suavemente para que se relajara. Por fin Romina durmió hasta que Mariana cerró los ojos y comenzó a respirar profundamente. Efectivamente fue una noche inolvidable.
rp

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