Recordé que hace 5 años escribí un post en donde manifestaba mi gran inconformidad de que mi vagina sangrara. Hoy después de todos estos años, me doy cuenta, que mi problema no es precisamente con ella, sino con mi útero. Estoy enojada con él porque me hace sentir esclavizada. Al parecer tenemos una pésima relación, tan es así, que a pesar de mi fuerte actividad sexual, que he dejado de fumar considerablemente de cuando comencé a mis incipientes 11 años, me sigue castigando con una estúpida disminorrea que me vuelve loca.
¡Me castiga porque no quiero hijos! Es lo que surge en mi cabeza, en ocasiones cuando el dolor es muy fuerte. Voy en contra de mi naturaleza, es cierto, cuando tengo sexo lo que menos tengo en mente es reproducirme, por eso es una bendición ser lesbiana, puedes coger y coger y nunca sales embarazada.
Hoy después de años, recuerdo estar enojada con mi útero; me estropeó uno de los planes más importantes que he tenido en estos últimos meses, además del resto de situaciones desagradables que me hace pasar. Odio cuando parezco vaca Kosher y amanezco en una mancha de sangre (por más toalla nocturna que me ponga). Odio cuando se me inflama todo por dentro y no puedo ni siquiera evacuar en santa paz. Me retuercen las punzadas que me dan en el ano cuando intento sentarme. Y sobre todo, me emputa que la gente me diga que no se me va a quitar hasta que no tenga un hijo.
Me lo quiero quitar… quiero mirarlo en un recipiente metálico, escurriendo su sangrita, y decirle: sigo siendo mujer aunque no produzca hijos, cómo ves. Y parece que me escucha, porque conforme estoy escribiendo este cúmulo de veneno del coraje que traigo, me punza al grado de retorcerme en la silla, y me orilla a decir: Maldita sea mi estirpe sanguinolenta... Debería ser esto voluntario, ¡mierda!
¡Arggg! No importa cuánto ketorolako ingiera, cuánto me drogue haciendo cócteles de ibuprofeno, naproxeno, y todo lo que encuentre a mi alrededor… los estúpidos cólicos son sus pequeños secuaces. En ocasiones he soñado que meto la mano a mi orificio y lo extirpo de un jalón, como cuando arranco la plaga que sale alrededor de mis plantas. Pero no deja de ser sólo una fantasía, un anhelo. De verdad, me hubiera encantado que la naturaleza de mi cuerpo no necesitara de este tipo de procedimientos para reproducirse, es más, me pesa que la reproducción sea algo impuesto por la vida y no se efectúe de manera voluntaria.
Estoy muy enojada con mi útero, tanto que hoy dije como cincuenta veces que lo odiaba con toda la víscera que pueda haber de por medio. Espero que algún día mejoremos nuestra relación, de lo contrario tendré que ahorrar una suma considerable para poder despedirme de él por el resto de lo que me queda de vida. Por lo pronto, tengo que ir ginecólogo para que me diga cómo controlar la voracidad de sus colmillos afilados, de lo contrario, terminaré en cualquier momento tirada en el suelo por haber intentado arrancarlo con mis manos. NV
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