Era la noche del 31 de diciembre, fría pero llena de luces de mil colores en las calle y ruidos de multitudes encerradas en casas habitación, salieron las dos vestidas para la ocasión, era El Rito de Año Nuevo, habría cena, muchas bebidas y postre mágico.
Llegó la hora, un celular sonó por un par de segundos y colgó, efectivamente esa era la señal para bajar, saliendo del edificio había una camioneta gris Oxford estacionada, era Diego y Liza que habían pasado por Romina y Mariana muy emocionados y con la cajuela llena de bebidas de distintas marcas, hielo y refrescos.
-Romina, ¿quieres manejar?
-No, Diego, déjame decirte que esta noche es MI noche, me pondré bien peda y no pienso agarrar el auto para nada.
-Muy bien, esa es la actitud, amigui.
-Así es, mi Dieg, yo hoy no manejo, yo hoy me divierto.
-Amiga, me parece excelente, yo también quiero festejar mi llegada, quiero probar ese postrecillo.
-Mijis, ¿pasaste por la materia prima?
-Ay, Mariana, Eliam ya hasta la cocinó.
-Bueno, yo sólo preguntaba.
-Tú confía, va estar bien-buenísimo.
Llegaron a la casa de color tinto-marrón, bajaron las cosas de la camioneta, tocaron la puerta y salió Eliam muy arreglado y haciendo reverencias a los invitados: Bienvenidos sean todos –dijo con tono muy ceremonioso. Entraron los cuatro emocionados, se percataron de que eran los únicos invitados, la hermana de Eliam y su novio estaban en la sala y traían un plan muy aparte de la cena mágica del Año Nuevo.
Se acomodaron cada uno en una silla del antecomedor con su respectiva bebida, en lo que Eliam se dirigió al horno para sacar la sorpresa de la noche: un pie de frutas rojas con queso hecho en casa y con ingrediente especial. Todos se maravillaron al ver tan hermoso pie, se veía muy profesional y suculento.
-Yo opino que empecemos con el postre.
-¡Dios! Tengo miedo, se ve muy inofensivo.
-Pues déjame decirte, mana, que se apestó toda la cocina a mota, ¡le pusimos 150 pesos de materia prima! Tuvimos que poner el ventilador en chinga para que se saliera toda la peste.
-¡No mamesss! –gritaron todos al unísono.
-A ver, corta una rebanada.
Eliam comenzó a repartir el postre en pequeñas porciones, un pedacito para Liza, otro mediano para Diego, uno más grande para Mariana y el enorme pedazo –como buena atascada que era- para sí.
(Chomp, chomp, chomp)
-Y tú Romina, ¿no quieres un pedacito?
-No, yo paso.
-Ándale, mana, me la pasé todo el día cocinando.
-Pues yo mejor me espero a la cena y te digo si me animo.
(Chomp, chomp, chomp)
-Está muy bueno, pero ya viste que el pan esta verde.
-Wey, te quedó bien grosero.
-Ja, ja, ja, ja, ¡Este Año Nuevo estará muy intensoooo!
Terminaron de comer el pie, Romina miraba el rostro de todos esperando ver reacciones, pero después de media hora, comenzaron las risitas y el ojito medio cerrado, cuando…
¡Ya mero, ya mero! Gritó Eliam despavorido rumbo al refrigerador a sacar la sidra y las uvas, abrió rápidamente la alacena para sacar unos vasos y puso a cada uno de los invitados a contar sus respectivas 12 uvas y ponerlas en su bebida.
-Eliam, la neta yo no quiero sidra me voy a poner súper estúpida.
-No, tú bebe, sino no se cumplirán tus deseos.
-¿Y si nos pega mucho y nos malviajamos? –preguntó Liza algo dudosa.
-Ay, no, qué mentalidad tan negativa.
-Sí, amigui, bebe, es Año Nuevo, si te pones loca Romina te cuida.
-Sí, mi amor, tú no te preocupes.
-Está bien.
-Diez, nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres, dos, uno… ¡¡FELIZ AÑO NUEVO!!
Todos bebieron rápidamente sus bebidas y comían sus uvas mientras sonaba la campa del reloj. Comenzaron los abrazos, primero se dieron un abrazo colectivo y después cada uno se fue dando un abrazo con sus respectivos deseos para el prójimo. Todos se veían realmente emocionados y contentos, pintaba para una noche inolvidable. Pasada la hora, Liza dejó de hablar y comenzó a deprimirse, estaba como ida, Diego se preocupó al verla.
-Amigui, ¿estás bien?
(Movimiento de cabeza asintiendo)
-¿Por qué no hablas?, ¿si puedes hablar?
-Sí, pero me siento triste.
-No, Liza, la mota se amolda a tu estado de ánimo, si te clavas en lo triste te sentirás mal, pero si escuchas la música y cotorreas con nosotros te va poner de muy bien humor.
-Está bien… pero es que estoy muy triste, siento que este no es mi lugar, yo no me quería ir de Inglaterra.
-Liza, tranquila tú relájate, disfruta del momento, mañana será otro día y pensarás en tu novio e Inglaterra.
-Está bien.
La conversación siguió y Liza cada vez se veía más achicopalada. Hasta que llegó un momento en que Mariana le sugirió que se acostara un rato en el cuarto de Eliam,en lo que se le bajaba un poco el avión; accedió y juntas subieron las escaleras, se acostó en la cama y abrazó un cojín que estaba por ahí, Mariana intentó acompañarla un rato pero también estaba muy drogada y comenzó a desesperarse, así que, optó por bajar y dejarla un rato acostada.
-Liza se malviajó.
-Tengo miedo de que se quede en el avión.
-Relájate, anda depre porque dejó a su british man.
-¿Y si queda loca, qué le voy a decir a su mamá? ¡Me la encargó! Imagina, ¡con qué cara!
-Hay que esperar a que se relaje un poco.
Siguieron los cuatro en la mesa, Romina se divertía de la cantidad de comentarios fumados que hacían entre ellos, todo pintaba bien, hasta que comenzó Eliam a comportarse de manera extraña haciendo sonidos guturales algo desagradables, dando la impresión de que vomitaría en cualquier momento: “Muchachos, no se mal viajen, no es que Eliam quiera vomitar, lo que pasa es que se le atoró un eructo” –dijo Romina para calmarlos, ya que tenían una cara de asco y malestar que se podía ver a kilómetros de distancia, mientras que Eliam acentía con su dedo.
Después de un momento de que habían cesado los sonidos desagradables, comenzaron a bailar por la cocina Diego y Mariana, en eso, Diego se acercó suspicazmente a Mariana y le dijo al oído:
-Amigui, ando biennnnn paaacheeeeco.
-Ja, ja, ja, ja… Yo también.
-¿Viste cómo se puso Liza?
-Sí, yo la llevé al cuarto.
-¿Por qué la gente se malviaja?
-No sé, wey, yo me siento como si me hubiera tragado un ácido pero sin malviajarme y encerrada en una casa.
-Amigui, ¿te confieso algo?
-Dime.
-Me siento mal, bueno culpable…
-Pero, ¿por qué?
-Porque me la estoy pasando biennn chiiiiido, mientras que Liza está malviajada en el cuarto y Eliam en el baño.
-Ja, ja, ja, tú no te sientas culpable, mejor disfruta tu viaje.
-Tienes razón.
Todo iba perfecto hasta que llegó Romina diciendo que Eliam andaba en la perdición total, a los minutos Mariana comenzó a sentirse rara y pidió que la llevaran con Liza al cuarto. Se subieron las dos, a los diez segundos subió Diego, a los cinco minutos subió Eliam, total, la fiesta se trasladó a la cama de la habitación.
Estaban todos a risa y risa con los comentarios intergalácticos de Eliam, se levantó repentinamente y comenzó a dar vueltas por el cuarto, después corrió al baño a prender las luces, salió de nuevo y recostó la mitad del cuerpo al filo de la cama, diciéndose a sí mismo: “Haz tierra, haz tierra, sí, sí, noooooo, no te vayas, noooo, haz tierraaaa!”. Salieron carcajadas al unísono de ver aquel cuadro tan gracioso, cuando de pronto, Eliam se levantó como si lo estuvieran exorcizando, caminó dos metros y salió de su boca un fétido río de vómito. Diego se puso rojo, se levantó como autómata de la cama y caminó hacia la puerta del cuarto, pero no había llegado al marco de la entrada cuando salió de su boca una fuente caudalosa de vómito.
Las caras de las tres chicas era como de una caricatura japonesa, ojos muy abiertos y como forma de espiral con una gotita de sudor en la sien, su boca apretada por el asco y la fuerza interior de no vomitar al ver tan desagradable fotografía. Repentinamente se soltó un hedor en todo el cuarto, se asomaron desde la orilla de la cama y miraron todo el mapa mundi que estaba dibujado en el suelo de colores y texturas, era como un cuadro gore, pero en lugar de sangre y destripadero, era vómito y retos de comida.
-Mariana, no vayas a vomitar, por favor –suplicó Romina con mirada angustiada.
-No mi amor, te lo prometo que no.
-Dios, que mal viaje, ¿qué les pasó?, ¿por qué subieron si apenas ya me estaba tranquilizando? ¡Qué ascooo!
-Mariana, agarra tu sudadera y pónsela a Liza en la cara como pasamontañas, yo voy por jabón o algo para limpiar esto.
-Gordita, no me dejes.
-No te voy a dejar, pero espérame tantito.
Mariana envolvió la cara de Liza para que no respirara aquél tóxico ambiente, Romina corrió al cuarto de servicio por Pinol para rociar en las zonas afectadas, Diego seguía en el patio respirando aire fresco y Eliam seguía en el baño devolviendo las vísceras. Una vez que se había repartido salpicones de Pinol por todo el cuarto, Romina tomó la mano de su novia que a su vez tenía agarrada la mano de su amiga, salieron en fila india del cuarto con el cuidado de no embarrar sus zapatos de fluidos gástricos.
Se juntaron los cuatro en la cocina mientras Eliam estaba recostado en la cama de aquélla cámara de gas en los tiempos de Hitler, trataron de poner música para relajarse un poco cuando entró la hermana del principal afectado intrigada por tanto ruido. Todos hablaban al mismo tiempo hasta que Romina pidió la palabra y le explicó todo el suceso. Marcia escandalizada subió las escaleras para ir a checar a su hermano, cuando de pronto se vio bajar intempestivamente con una expresión de asco en su rostro.
-No me chinguen, no se puede ni subir al cuarto –expresó atónita.
-Ya se, wey, perdón jamás me imaginé que se pondrían así todos… A ver cuándo vuelven hacer su pie de Año Nuevo, ¡¡¡ehhhh!!! –dijo Romina toda frustrada.
-Yo no he vomitado.
-Ni yo tampoco.
-Yo, sí. Es que, es que, es automático, cada que veo vomitar a alguien se me sale automáticamente. -Pues ahora no se van hasta que me ayuden arreglar todo este desastre –dijo Marcia en tono sarcástico y burlón.
-Ya ven, les dije que debemos ir a la Cruz Roja, pero no me hacen caso. ¡Vamos Liza, ándale!
-No, yo no quiero ir, no me siento tan mal, además, ¡qué vergüenza!
-Amigui, en serio no tiene caso ir a la Cruz Roja, te va pasar lo que a Memo y se van a burlar los paramédicos de ti.
Decidieron de manera democrática terminar la fiesta y retirarse a sus casas, evidentemente Romina manejo ya que en toda la noche no pudo beberse ni un vaso completo de su vodka, puesto que estuvo cuidando a Liza en el cuarto de Marcia, o tranquilizando a su novia, o checando que Eliam no se ahogara con su propio vómito.
Se trasladaban silenciosamente en la camioneta de Diego, ya habían dejado a Liza en su casa y le habían hecho un cocowash “Si tu mamá te pregunta algo, le dices que andas bien borracha porque fue Año Nuevo y agarramos la fiesta brutal”, después se dirigieron hacia la Cruz Verde después de que Diego insistió fehacientemente que quería un suero intravenoso. Romina ya toda ofuscada bajó el vidrio de su puerta y cogió la cajetilla de cigarros, tomó uno y lo prendió, Mariana comenzó a escuchar unos sonidos extraños, cuando se escuchó que Diego intentó decir “Amigui, puedes apagar tu…”.
Unas gotas de vómito salpicaron la mejilla de Romina, Mariana gritó desesperada “No, mames, otra vez nooooo” mirando hacia atrás de su asiento y quedándose petrificada al ver la imagen de Diego vomitando sobre su vaso desechable con lo que le quedaba de su cóctel escurriéndole aquélla mezcla extraña de líquidos y sólidos por la boca y la barbilla. Romina buscó rápidamente donde estacionarse, Diego se bajó lentamente y caminó hacia un árbol para terminar su limpia estomacal, Mariana se quedó parada como ida a un costado de la puerta abierta del copiloto y de pronto comenzó a reírse sola. Romina para pronto sacó los tapetes vomitados, abrió la cajuela y uso el refresco familiar como una bomba de agua, agitaba bruscamente y con la mano tapaba la boca de la botella para que el líquido saliera a presión limpiando así aquella pastosa masa.
Habían dejado a Diego en su casa y se llevaron la camioneta para poder trasladarse a su departamento, bajaron las dos sin decir una sola palabra, Romina tomó de la mano a Mariana para cruzar la calle y apretó el control de la alarma del auto. Subieron las escaleras y llegaron a su casa, Mariana estaba pálida y con la boca seca, Romina la desvistió, le dio de beber agua, le puso la pijama y la acostó, después se dirigió al baño para lavarse la cara y los dientes y desmaquillarse. Se acostó a un lado de Mariana que miraba el techo sin decir nada, la abrazó y comenzó a sobarle el cabello suavemente para que se relajara. Por fin Romina durmió hasta que Mariana cerró los ojos y comenzó a respirar profundamente. Efectivamente fue una noche inolvidable.
rp
Odio la realidad, pero es en el único sitio donde se puede comer un buen filete. Woody Allen
lunes, 22 de junio de 2009
martes, 12 de mayo de 2009
bofetada
Estaban en el supermercado comprando soya para hacer unas hamburguesas vegetarianas para su amiga cumplañera, tenía ya todo preparado, el lugar, la comida, las bebidas, las personas, la música. De pronto, Romina comenta que se siente mal, Mariana le toca la frente verificando que efectivamente traía algo de temperatura.
-Me siento mal.
-¡Ay, pequeña, ya vi que si estas enfermita!
-¿Y si no vamos a la fiesta?
-¿Te sientes muy mal?
-La verdad si. Es que no quiero vida social me duele la cabeza, el cuerpo, traigo algo de fiebre, quiero estar en la casa.
-Es que no puedo cancelar porque yo organicé. Es cumpleaños de Naye, tengo un rato que no la veo y es mi amiga de muchos años, no le puedo hacer eso.
-Bueno pues, no canceles, vete a tu reunión. Yo me voy a dormir con mi mamá porque no quiero estar sola en la casa.
-¿Estás segura?
-Si.
-No te noto muy convencida.
-Pues no, pero yo no quiero ir a una fiesta sintiéndome así y tú no puedes faltar, entonces así le hacemos.
Llegaron a la casa y Mariana se metió a bañar mientras Romina veía la tele bebiendo un té y con una actitud decaída, después fue a dejar a su novia en la fiesta, no le agradaba mucho la idea, pero se quiso ver flexible y aprovechar el momento para ir con su mamá de visita. Evidentemente el evento siguió su curso y llegaron varios invitados, mientras tanto, Mariana se puso a preparar todos los ingredientes.
Cocinó, fumó, bebió y se enfiestó con todos los que estaban ahí, pero había una visita en especial que estaba estrenando look, Mariana estaba sorprendida con el cambio, se veía mucho más interesante que la última vez, y sobre todo, seguía viéndose una jovenzuela de dieciocho años.
-¡Anda! Vamos al Mónica’s.
-Híjole, sí me late. Tengo un buen rato que no voy.
-Pues hoy es la noche.
-Si tengo ganas de seguirla, he de confesarlo.
-Ya está, entonces la seguiremos. Oye y tú qué onda con tu morra, ¿no tiene broncas con que salgas de antro?
-Pues no, tenemos una relación libre.
-¡Que rico! Es lo mejor, yo también tengo una relación abierta con mi novia. A mi no me genera ningún problema que se bese o faje con alguien más, mi problema seria si cogen más de una vez, porque ahí pareciera que ya hay una relación, y eso si que no, la relación es sólo conmigo, con nadie más.
-Pues yo tengo algo similar. Romi no tiene problemas con que me bese con otras mujeres. Fíjate que me ha dicho que si tenemos algo con alguien más, ella no es como muy territorial que digamos, a mí si me cuesta más trabajo.
Siguió la fiesta, se fueron al Mónica’s y llegaron justo a la hora del ambiente, estaba el lugar lleno y las dos pistas proyectaban luces de colores en todas direcciones. Mariana toma de la mano a Karla para que no se pierda entre la multitud, Karla la recibe cálidamente y se acerca al oído para susurrar que quiere ir al baño. Mientras Mariana la esperaba en el pasillo, salió Karla del baño y se puso entre ella y el espejo para acomodar su blusa extra escotada, evidentemente, tenía todo en su lugar, se veía súper estilizada, con más tetas, aparte, su cabello alaciado le quedaba muy bien.
Al salir del baño Karla jala del brazo a Mariana y le pregunta que si quiere coca, Mariana lo piensa un poco pero andaba tan enfiestada que no le importó que al día siguiente le sangrara la nariz –siempre le pasaba lo mismo- y se metió sus respectivas rayitas por cada fosa nasal.
La euforia se apoderó por completo de la situación, Karla comenzaba a enviar mensajes directos y sin escalas, al grado de que Mariana pensó que no habría ningún problema con Romina pues ella estaba de acuerdo con que se besara con otras mujeres, así que podría saciar las ansias por manosear todo aquel cuerpo tan joven.
Besos, metidas y sacadas de mano, baile, cigarro, mota, alcohol, la fiesta se tornó bastante candente, al grado de que Mariana olvidó por completo que estaba en un lugar donde más de una persona la conocía y podría darse cuenta que estaba con otra mujer que no era su pareja. En menos de lo esperado, se topó con algunos conocidos y todos sin excepción preguntaron por Romina, a lo que respondió muy diplomáticamente y desapareció.
Pasaron cuatro horas más para que el antro cerrara y todos se fueran a seguirla a otro lugar, naturalmente, Mariana no se fue a su casa, agarró la fiesta con un grupo de jotas que andaban por ahí y se lanzaron al after del Angel`s, discoteca que abría sus instalaciones a las seis de la mañana y cerraba a las once del medio día, dándole oportunidad a todos aquellos que andaban en el avión a que hicieran un poco de tierra.
Después de unas cuantas horas más de euforia, llegó el momento en que el cuerpo de ambas comenzó a reclamar sueño, ya no había más drogas para mantenerlo activo o en plena calentura, buscaron un sillón de la sala lounge y se acomodaron para dormir un rato en lo que sus amigos terminaban su fiesta y de ligar con los chacalones que andaban por ahí.
Una sacudida en el hombro despertó a Karla, era Juan agarrado de la mano de un hombre. Se levantaron y se fueron. El sol estaba demasiado brillante, ya no tenían ganas de ir a desayunar, así que fueron y dejaron primero a Mariana que vivía a unas cuadras de ahí, llegó y se aventó a la cama, estaba de alcoholizada lo que sigue. Como a las dos de la tarde sonó el teléfono, Mariana todavía borracha contesta, era Romina, enojada porque le estuvo marcando a la casa a temprana hora y no la encontró.
-¿Acabas de llegar a la casa?
-No.
-¿Por qué mientes? Tú sabes perfectamente que acabas de llegar. Te marqué a las nueve y media y no contestó nadie.
-No acabo de llegar, tengo como entre media hora o una hora dormida.
-¿Sigues borracha, verdad? No mames, ni si quiera me hablaste para preguntarme si había llegado bien con mi mamá o si ya me encontraba mejor, nada te costaba marcarme, pero no, preferiste irte a tu fiesta impostergable y ponerte hasta la madre. ¡O sea, acabas de llegar y sigues borracha!
-Que no estoy borracha, sólo tengo sueño, te marco en un rato.
-Bye.
-¿Gordita?
-Después me hablas.
Se volvió a dormir unas cuantas horas y cuando despertó la invadió una cruda horrorosa, no sabía que le pesaba más, la sed, el dolor de cabeza o la culpa. Sabía que su ingenua idea de que no pasaría nada si le contaba que había tenido un encuentro cercano de segundo tipo con Karla era una reverenda puñeta mental, efectivamente, Romina estaba encabronada.
Llegó Romina a la casa con una seriedad sepulcral,y Mariana quiso contentarla de mil maneras, pero no fue hasta entrada la noche que se dejó tocar por Mariana y hasta comenzó hacer bromas sobre el asunto. Ingenuamente Mariana creyó que todo estaba bajo control, hasta que le preguntó:
-¿Cómo te fue en tu fiesta?
-Estuvo bien.
-¿Quiénes fueron?
-Varios.
-¿Quiénes?
-Pues… Cinthya, sus primas, Víctor, Karla, Caro y sus hijos, y así.
-¿Karla está en Guadalajara?
-Si, venía con Víctor, se está quedando con su papá.
-No sé por qué a veces Karla se me hace como rara.
-¿Por qué?, Es buena onda y pues no puedes negar que está chida. Se cambió el look y le quedó bastante bien.
-¿Y con quién te besaste?
-¿Qué?
-No te hagas, algo hiciste... se te ve en toda la cara.
-(Risa nerviosa) ¿Por qué lo dices?
-¿No me vas a contar?
-Pues si. Me besé con… me besé con.. Karla.
-Mira qué cosas, ¿y qué más hiciste?
-Pues nada, me puse borracha y me besé con ella.
-¿Te la llevaste a la casa?
-No.
-No te creo.
-En serio no pasó nada más, sólo nos besuqueamos y ya. Por qué estás así, se supone que no te importa que me bese con otras mujeres, tú dijiste la vez pasada que no tenías problemas con eso y hasta le dijiste a Lina que me besara.
-Pero en esta ocasión es distinto, pero sabes qué ahorita ya no quiero hablar de eso, sólo te voy a decir que cuando te aplique la misma de mandarte al chile en plena enfermedad, no tener una sola atención contigo, me vaya de fiesta y me gaste como ochocientos pesos en la borrachera, y aparte de todo, me coja a una morra sin haberte tomado en cuenta, no te va parecer, pero ni modo así es esto.
-Que no cogimos, ¡escúchameeee!.
-Ya no me importa si te la cogiste o no, lo que me encabrona es por qué haces esto ahorita, cuando se supone que ya estaba todo bien, que ya había dejado de hacer toda una serie de cosas para que la relación estuviera estable, yo te lo demostré, cambié muchas cosas, que jodido que después de todo lo que ha pasado en estos meses, justo cuando ya estamos tranquilas sales tú con tus mamadas. Simplemente, no lo entiendo.
Mariana se frustró pero intentó hasta la última gota de paciencia explicarle que no hubo sexo, que existía un mal entendido porque ella tenía otra idea distinta del famoso acuerdo. Romina sólo la escuchó y le dio por su lado, pero no se quedó sin el castigo del “ahorita no tengo ganas de coger” como por un mes.
Después de algunos días, Romina llegó a la casa después de su sesión con el psicoanalista, sentó a Mariana y le dijo muchas cosas sobre el suceso del Mónica’s, mencionó que era importante renegociar el acuerdo, porque ya se dio cuenta que no le es indiferente que su mujer se vaya de fiesta sin ella para besuquearse a otras mujeres.
Se aclara el asunto y todo queda resuelto, sin embargo, Mariana sabía que había abierto la caja de Pandora, tenía muy presente que Romina Venganzas no podría quedarse así como si nada, “Te perdono, fue un mal entendido, pero ya todo está aclarado y seguimos siendo novias y amándonos como siempre”, YEAH-RIGHT! Todo el mundo sabe que el ego mancillado de una mujer puede desatar una furia poderosa, silenciosa pero hiriente.
La justicia divina se hizo presente, justo para comenzar el fin de semana Mariana se contagia de gripe, y se enferma con todos los síntomas que anuncian en la T.V., fiebre, cuerpo cortado, dolor de cabeza, toneladas de mocos, estornudos incontenibles y tos de perro callejero.
-¿Mi vida estás mucho-muy enferma?
-Ya se, me siento del terror.
-Mmmh, y entonces cómo le haremos con la fiesta de La Majo, porque… así no puedes ir.
-Ya se, ve tú, aprovecha tu oportunidad de oro.
-¿Oportunidad de oro?
-No te hagas que no entiendes, si La Majo siempre te anda como cerrando el ojito y yo no puedo ni quiero ir a la fiesta.
-¡Ah! Y tú crees que me voy a ir de peda, me voy a enfiestar, me voy a besuquear a una que otra, y te voy a dejar aquí en el departamento sola y enferma.
-Así es, Romina Venganzas, ya se que nunca te quedas con la espinita atravesada.
-Ja, ja, ja, ja. Así es, eso no te lo niego.
-Está bien, ya lo mentalicé y no me voy a frustrar por eso.
-Pues qué bueno que te mentalizaste, haces muy bien, así no te afecta tanto ¿no crees?
-Ajá.
-Te voy a llevar con mi mamá a que te inyecte y de ahí te dejo en la casa, te preparo un te, te pongo ungüento y te duermes y yo trataré de no llegar tan “temprano”, como tú la vez pasada.
-Como tú veas.
Salieron rumbo a casa de la mamá de Romina, la señora les preparó algo rico de cenar, le puso su inyección, se pusieron a platicar un poco pero Mariana comenzó con un mareo extraño, se fue acostar un rato al cuarto y se quedó dormida. Inesperadamente sintió unos brazos que la envolvían y le besaban la frente. Cuando abrió los ojos, vio a Romina con un pijama y un té caliente.
-Tómatelo todo.
-¿Qué es?
-Un té expectorante. No quiero que me dejes traguitos, ¡eh!, A ver, déjame ver cómo sigue la fiebre. Mira, ya te bajó, ¡Qué bien!
-¿Por qué tienes puesta la pijama de tu mamá?
-Porque nos vamos a quedar a dormir aquí.
-¿No irás a la fiesta de La Majo?
-No, yo si te quiero cuidar. Prefiero que nos quedemos con mi mamá y estar al pendiente de la fiebre, ya te bajó un poco, pero no está de más tener precauciones, ¿no crees?
-Ay, me siento del asco.
-Ja, ja, ja. Relájate no pasa nada, mis venganzas son distintas ahora, he optado por dar cachetadas con guante blanco.
-Lo siento, yo creí que si te irías y me aplicarías la misma que yo te hice.
-Pues no, ya viste que en esta historia ni yo soy tan mal ni tú eres tan buena. Pero mejor hay que ver qué hay en la T.V., aprovechemos que mi mamá tiene cable, jo, jo, jo. Pásame la taza y acomódate bien esa cobija porque se te salen los pies.
-Romi, en serio, me siento del asco.
-Te propongo algo.
-¿Qué cosa?
-Te toca escribir un cuento en donde la gente se de cuenta que no eres tan pura y casta, ya estuvo bueno de que nada más mi reputación esté quemada, ahora te toca a ti sacar el cobre, mi reina.
-De acuerdo, trato hecho.
-Muy bien, ahora pásame los pepinitos que traigo antojo desde hace rato.
rp
-Me siento mal.
-¡Ay, pequeña, ya vi que si estas enfermita!
-¿Y si no vamos a la fiesta?
-¿Te sientes muy mal?
-La verdad si. Es que no quiero vida social me duele la cabeza, el cuerpo, traigo algo de fiebre, quiero estar en la casa.
-Es que no puedo cancelar porque yo organicé. Es cumpleaños de Naye, tengo un rato que no la veo y es mi amiga de muchos años, no le puedo hacer eso.
-Bueno pues, no canceles, vete a tu reunión. Yo me voy a dormir con mi mamá porque no quiero estar sola en la casa.
-¿Estás segura?
-Si.
-No te noto muy convencida.
-Pues no, pero yo no quiero ir a una fiesta sintiéndome así y tú no puedes faltar, entonces así le hacemos.
Llegaron a la casa y Mariana se metió a bañar mientras Romina veía la tele bebiendo un té y con una actitud decaída, después fue a dejar a su novia en la fiesta, no le agradaba mucho la idea, pero se quiso ver flexible y aprovechar el momento para ir con su mamá de visita. Evidentemente el evento siguió su curso y llegaron varios invitados, mientras tanto, Mariana se puso a preparar todos los ingredientes.
Cocinó, fumó, bebió y se enfiestó con todos los que estaban ahí, pero había una visita en especial que estaba estrenando look, Mariana estaba sorprendida con el cambio, se veía mucho más interesante que la última vez, y sobre todo, seguía viéndose una jovenzuela de dieciocho años.
-¡Anda! Vamos al Mónica’s.
-Híjole, sí me late. Tengo un buen rato que no voy.
-Pues hoy es la noche.
-Si tengo ganas de seguirla, he de confesarlo.
-Ya está, entonces la seguiremos. Oye y tú qué onda con tu morra, ¿no tiene broncas con que salgas de antro?
-Pues no, tenemos una relación libre.
-¡Que rico! Es lo mejor, yo también tengo una relación abierta con mi novia. A mi no me genera ningún problema que se bese o faje con alguien más, mi problema seria si cogen más de una vez, porque ahí pareciera que ya hay una relación, y eso si que no, la relación es sólo conmigo, con nadie más.
-Pues yo tengo algo similar. Romi no tiene problemas con que me bese con otras mujeres. Fíjate que me ha dicho que si tenemos algo con alguien más, ella no es como muy territorial que digamos, a mí si me cuesta más trabajo.
Siguió la fiesta, se fueron al Mónica’s y llegaron justo a la hora del ambiente, estaba el lugar lleno y las dos pistas proyectaban luces de colores en todas direcciones. Mariana toma de la mano a Karla para que no se pierda entre la multitud, Karla la recibe cálidamente y se acerca al oído para susurrar que quiere ir al baño. Mientras Mariana la esperaba en el pasillo, salió Karla del baño y se puso entre ella y el espejo para acomodar su blusa extra escotada, evidentemente, tenía todo en su lugar, se veía súper estilizada, con más tetas, aparte, su cabello alaciado le quedaba muy bien.
Al salir del baño Karla jala del brazo a Mariana y le pregunta que si quiere coca, Mariana lo piensa un poco pero andaba tan enfiestada que no le importó que al día siguiente le sangrara la nariz –siempre le pasaba lo mismo- y se metió sus respectivas rayitas por cada fosa nasal.
La euforia se apoderó por completo de la situación, Karla comenzaba a enviar mensajes directos y sin escalas, al grado de que Mariana pensó que no habría ningún problema con Romina pues ella estaba de acuerdo con que se besara con otras mujeres, así que podría saciar las ansias por manosear todo aquel cuerpo tan joven.
Besos, metidas y sacadas de mano, baile, cigarro, mota, alcohol, la fiesta se tornó bastante candente, al grado de que Mariana olvidó por completo que estaba en un lugar donde más de una persona la conocía y podría darse cuenta que estaba con otra mujer que no era su pareja. En menos de lo esperado, se topó con algunos conocidos y todos sin excepción preguntaron por Romina, a lo que respondió muy diplomáticamente y desapareció.
Pasaron cuatro horas más para que el antro cerrara y todos se fueran a seguirla a otro lugar, naturalmente, Mariana no se fue a su casa, agarró la fiesta con un grupo de jotas que andaban por ahí y se lanzaron al after del Angel`s, discoteca que abría sus instalaciones a las seis de la mañana y cerraba a las once del medio día, dándole oportunidad a todos aquellos que andaban en el avión a que hicieran un poco de tierra.
Después de unas cuantas horas más de euforia, llegó el momento en que el cuerpo de ambas comenzó a reclamar sueño, ya no había más drogas para mantenerlo activo o en plena calentura, buscaron un sillón de la sala lounge y se acomodaron para dormir un rato en lo que sus amigos terminaban su fiesta y de ligar con los chacalones que andaban por ahí.
Una sacudida en el hombro despertó a Karla, era Juan agarrado de la mano de un hombre. Se levantaron y se fueron. El sol estaba demasiado brillante, ya no tenían ganas de ir a desayunar, así que fueron y dejaron primero a Mariana que vivía a unas cuadras de ahí, llegó y se aventó a la cama, estaba de alcoholizada lo que sigue. Como a las dos de la tarde sonó el teléfono, Mariana todavía borracha contesta, era Romina, enojada porque le estuvo marcando a la casa a temprana hora y no la encontró.
-¿Acabas de llegar a la casa?
-No.
-¿Por qué mientes? Tú sabes perfectamente que acabas de llegar. Te marqué a las nueve y media y no contestó nadie.
-No acabo de llegar, tengo como entre media hora o una hora dormida.
-¿Sigues borracha, verdad? No mames, ni si quiera me hablaste para preguntarme si había llegado bien con mi mamá o si ya me encontraba mejor, nada te costaba marcarme, pero no, preferiste irte a tu fiesta impostergable y ponerte hasta la madre. ¡O sea, acabas de llegar y sigues borracha!
-Que no estoy borracha, sólo tengo sueño, te marco en un rato.
-Bye.
-¿Gordita?
-Después me hablas.
Se volvió a dormir unas cuantas horas y cuando despertó la invadió una cruda horrorosa, no sabía que le pesaba más, la sed, el dolor de cabeza o la culpa. Sabía que su ingenua idea de que no pasaría nada si le contaba que había tenido un encuentro cercano de segundo tipo con Karla era una reverenda puñeta mental, efectivamente, Romina estaba encabronada.
Llegó Romina a la casa con una seriedad sepulcral,y Mariana quiso contentarla de mil maneras, pero no fue hasta entrada la noche que se dejó tocar por Mariana y hasta comenzó hacer bromas sobre el asunto. Ingenuamente Mariana creyó que todo estaba bajo control, hasta que le preguntó:
-¿Cómo te fue en tu fiesta?
-Estuvo bien.
-¿Quiénes fueron?
-Varios.
-¿Quiénes?
-Pues… Cinthya, sus primas, Víctor, Karla, Caro y sus hijos, y así.
-¿Karla está en Guadalajara?
-Si, venía con Víctor, se está quedando con su papá.
-No sé por qué a veces Karla se me hace como rara.
-¿Por qué?, Es buena onda y pues no puedes negar que está chida. Se cambió el look y le quedó bastante bien.
-¿Y con quién te besaste?
-¿Qué?
-No te hagas, algo hiciste... se te ve en toda la cara.
-(Risa nerviosa) ¿Por qué lo dices?
-¿No me vas a contar?
-Pues si. Me besé con… me besé con.. Karla.
-Mira qué cosas, ¿y qué más hiciste?
-Pues nada, me puse borracha y me besé con ella.
-¿Te la llevaste a la casa?
-No.
-No te creo.
-En serio no pasó nada más, sólo nos besuqueamos y ya. Por qué estás así, se supone que no te importa que me bese con otras mujeres, tú dijiste la vez pasada que no tenías problemas con eso y hasta le dijiste a Lina que me besara.
-Pero en esta ocasión es distinto, pero sabes qué ahorita ya no quiero hablar de eso, sólo te voy a decir que cuando te aplique la misma de mandarte al chile en plena enfermedad, no tener una sola atención contigo, me vaya de fiesta y me gaste como ochocientos pesos en la borrachera, y aparte de todo, me coja a una morra sin haberte tomado en cuenta, no te va parecer, pero ni modo así es esto.
-Que no cogimos, ¡escúchameeee!.
-Ya no me importa si te la cogiste o no, lo que me encabrona es por qué haces esto ahorita, cuando se supone que ya estaba todo bien, que ya había dejado de hacer toda una serie de cosas para que la relación estuviera estable, yo te lo demostré, cambié muchas cosas, que jodido que después de todo lo que ha pasado en estos meses, justo cuando ya estamos tranquilas sales tú con tus mamadas. Simplemente, no lo entiendo.
Mariana se frustró pero intentó hasta la última gota de paciencia explicarle que no hubo sexo, que existía un mal entendido porque ella tenía otra idea distinta del famoso acuerdo. Romina sólo la escuchó y le dio por su lado, pero no se quedó sin el castigo del “ahorita no tengo ganas de coger” como por un mes.
Después de algunos días, Romina llegó a la casa después de su sesión con el psicoanalista, sentó a Mariana y le dijo muchas cosas sobre el suceso del Mónica’s, mencionó que era importante renegociar el acuerdo, porque ya se dio cuenta que no le es indiferente que su mujer se vaya de fiesta sin ella para besuquearse a otras mujeres.
Se aclara el asunto y todo queda resuelto, sin embargo, Mariana sabía que había abierto la caja de Pandora, tenía muy presente que Romina Venganzas no podría quedarse así como si nada, “Te perdono, fue un mal entendido, pero ya todo está aclarado y seguimos siendo novias y amándonos como siempre”, YEAH-RIGHT! Todo el mundo sabe que el ego mancillado de una mujer puede desatar una furia poderosa, silenciosa pero hiriente.
La justicia divina se hizo presente, justo para comenzar el fin de semana Mariana se contagia de gripe, y se enferma con todos los síntomas que anuncian en la T.V., fiebre, cuerpo cortado, dolor de cabeza, toneladas de mocos, estornudos incontenibles y tos de perro callejero.
-¿Mi vida estás mucho-muy enferma?
-Ya se, me siento del terror.
-Mmmh, y entonces cómo le haremos con la fiesta de La Majo, porque… así no puedes ir.
-Ya se, ve tú, aprovecha tu oportunidad de oro.
-¿Oportunidad de oro?
-No te hagas que no entiendes, si La Majo siempre te anda como cerrando el ojito y yo no puedo ni quiero ir a la fiesta.
-¡Ah! Y tú crees que me voy a ir de peda, me voy a enfiestar, me voy a besuquear a una que otra, y te voy a dejar aquí en el departamento sola y enferma.
-Así es, Romina Venganzas, ya se que nunca te quedas con la espinita atravesada.
-Ja, ja, ja, ja. Así es, eso no te lo niego.
-Está bien, ya lo mentalicé y no me voy a frustrar por eso.
-Pues qué bueno que te mentalizaste, haces muy bien, así no te afecta tanto ¿no crees?
-Ajá.
-Te voy a llevar con mi mamá a que te inyecte y de ahí te dejo en la casa, te preparo un te, te pongo ungüento y te duermes y yo trataré de no llegar tan “temprano”, como tú la vez pasada.
-Como tú veas.
Salieron rumbo a casa de la mamá de Romina, la señora les preparó algo rico de cenar, le puso su inyección, se pusieron a platicar un poco pero Mariana comenzó con un mareo extraño, se fue acostar un rato al cuarto y se quedó dormida. Inesperadamente sintió unos brazos que la envolvían y le besaban la frente. Cuando abrió los ojos, vio a Romina con un pijama y un té caliente.
-Tómatelo todo.
-¿Qué es?
-Un té expectorante. No quiero que me dejes traguitos, ¡eh!, A ver, déjame ver cómo sigue la fiebre. Mira, ya te bajó, ¡Qué bien!
-¿Por qué tienes puesta la pijama de tu mamá?
-Porque nos vamos a quedar a dormir aquí.
-¿No irás a la fiesta de La Majo?
-No, yo si te quiero cuidar. Prefiero que nos quedemos con mi mamá y estar al pendiente de la fiebre, ya te bajó un poco, pero no está de más tener precauciones, ¿no crees?
-Ay, me siento del asco.
-Ja, ja, ja. Relájate no pasa nada, mis venganzas son distintas ahora, he optado por dar cachetadas con guante blanco.
-Lo siento, yo creí que si te irías y me aplicarías la misma que yo te hice.
-Pues no, ya viste que en esta historia ni yo soy tan mal ni tú eres tan buena. Pero mejor hay que ver qué hay en la T.V., aprovechemos que mi mamá tiene cable, jo, jo, jo. Pásame la taza y acomódate bien esa cobija porque se te salen los pies.
-Romi, en serio, me siento del asco.
-Te propongo algo.
-¿Qué cosa?
-Te toca escribir un cuento en donde la gente se de cuenta que no eres tan pura y casta, ya estuvo bueno de que nada más mi reputación esté quemada, ahora te toca a ti sacar el cobre, mi reina.
-De acuerdo, trato hecho.
-Muy bien, ahora pásame los pepinitos que traigo antojo desde hace rato.
rp
lunes, 20 de abril de 2009
atenagorica Sor Juana
¿Cuál es la mayor fineza que Dios nos ha brindado?
¿Morir? Si lo más apreciable en el hombre es la vida y la honra,
Y ambas cosas ofreció Cristo en su muerte…
¿No será su muerte su más grande sacrificio?
¡Ausentarse dijo otro!
Amaba Cristo al hombre más que ha su vida pues la dio por ellos,
Y, por tanto, ¿ausentarse fue su mayor fineza?
Desde pequeño me enseñaron y me hablaron
de la omnipresencia de Dios,
luego, ¡cómo pudo ausentarse!
Entonces el quedarse con nosotros,
Sacramentado y sin sentidos, ¿esa fue su mayor fineza?
Es privarse de las delicias del amor y otros sentidos, sí,
Pero también es privarse de sentir en carne propia de todas las ofensas,
Entonces,
Es muy cómoda la posición
Y no puede ser ésta una gran fineza.
¡No basta sentir amor,
demostradlo!
Ah que cosa más cierta!!!
Pero bien dice Sor Juana, no hay nadie, ni Dios,
¡MUCHO MENOS DIOS!
Que quiera amar sin correspondencia…
Y muchos casos nos muestra la musa donde Dios exige
Amor para sí, por sobre todas las cosas…
Más con esto nos parece Dios tan grande, tan Ego,
Y luego,
Se nos presenta todo bondad, al exigirnos su amor no para bien propio,
Sino para propio bien del hombre…
Ergo,
¡Qué tan grande es tu grandeza Dios que yo no puedo entenderla!!
Sólo Sor Juana,
Con mente tan ágil y brillante,
Digna solamente de la gran diosa Atenea,
Nos muestra que la mayor fineza de Dios es privarnos
De todos los beneficios que su grandeza nos puede hacer,
Y que nuestra ingratitud no sería capaz de aprovechar
En nuestro propio bien, y en vez de bien,
Nos haría sólo daño…
Bueno, ahora no entiendo si entiendo ya
El porqué de mis pesares…
Como hombre soy tan pequeño
Que el bien que se me hace lo destruyo,
¡NO! ¡LO TRANSFORMO!
Lo trasforma en mal para mí, pues bien soy hombre,
Simple e imperfecto,
Sin entender a mi Sino,
A mi Dios,
A mi intelecto…
*
* *
Pues bien me hubiera gustado a mí que
Dios
Me hiciera la fineza de morir,
De ausentarme,
O al menos de amar más a mi semejante
Que a mí mismo,
Para no sentirme tan solo,
Tan torpe,
Tan…
Tan sin Dios y sin Demonio,
Tan sin todo…
¡Tan sin Mí!
RP
¿Morir? Si lo más apreciable en el hombre es la vida y la honra,
Y ambas cosas ofreció Cristo en su muerte…
¿No será su muerte su más grande sacrificio?
¡Ausentarse dijo otro!
Amaba Cristo al hombre más que ha su vida pues la dio por ellos,
Y, por tanto, ¿ausentarse fue su mayor fineza?
Desde pequeño me enseñaron y me hablaron
de la omnipresencia de Dios,
luego, ¡cómo pudo ausentarse!
Entonces el quedarse con nosotros,
Sacramentado y sin sentidos, ¿esa fue su mayor fineza?
Es privarse de las delicias del amor y otros sentidos, sí,
Pero también es privarse de sentir en carne propia de todas las ofensas,
Entonces,
Es muy cómoda la posición
Y no puede ser ésta una gran fineza.
¡No basta sentir amor,
demostradlo!
Ah que cosa más cierta!!!
Pero bien dice Sor Juana, no hay nadie, ni Dios,
¡MUCHO MENOS DIOS!
Que quiera amar sin correspondencia…
Y muchos casos nos muestra la musa donde Dios exige
Amor para sí, por sobre todas las cosas…
Más con esto nos parece Dios tan grande, tan Ego,
Y luego,
Se nos presenta todo bondad, al exigirnos su amor no para bien propio,
Sino para propio bien del hombre…
Ergo,
¡Qué tan grande es tu grandeza Dios que yo no puedo entenderla!!
Sólo Sor Juana,
Con mente tan ágil y brillante,
Digna solamente de la gran diosa Atenea,
Nos muestra que la mayor fineza de Dios es privarnos
De todos los beneficios que su grandeza nos puede hacer,
Y que nuestra ingratitud no sería capaz de aprovechar
En nuestro propio bien, y en vez de bien,
Nos haría sólo daño…
Bueno, ahora no entiendo si entiendo ya
El porqué de mis pesares…
Como hombre soy tan pequeño
Que el bien que se me hace lo destruyo,
¡NO! ¡LO TRANSFORMO!
Lo trasforma en mal para mí, pues bien soy hombre,
Simple e imperfecto,
Sin entender a mi Sino,
A mi Dios,
A mi intelecto…
*
* *
Pues bien me hubiera gustado a mí que
Dios
Me hiciera la fineza de morir,
De ausentarme,
O al menos de amar más a mi semejante
Que a mí mismo,
Para no sentirme tan solo,
Tan torpe,
Tan…
Tan sin Dios y sin Demonio,
Tan sin todo…
¡Tan sin Mí!
RP
miércoles, 8 de abril de 2009
sueños tontos
Quiero pensar por tres segundos
que no importa
que no estás
que no fuimos¡Qué te vas!.
Vuelvo, toco tu boca
y nos vamos
cada quien a su paso
a su ritmo
por su lado
y azulado el cielo espeso
sin bocas
ni reclamos
sin tiempo, ni espasmos.
Quebranto.
¿Cómo supero esta adicción?
melancólica agonía
cafeína a torrentes
que me invade las venas
el corazón no me resisteno encuentra la puerta
un cuarto camino,
para descubrir que soy presa.
De ti, para ti y el destino…
Pensar por tres segundos
que no estás
que me fuique te vas
vuelvo, y me das asco
y nos vamos
cada quien a su paso
a su ritmo
por su lado
azulando el cielo espeso
sin bocas
ni reclamos
sin tiempo, ni espasmos
esperarnos tiernamente
ver cómo pasivamente
la oxidación nos va despellejando.
rp
que no importa
que no estás
que no fuimos¡Qué te vas!.
Vuelvo, toco tu boca
y nos vamos
cada quien a su paso
a su ritmo
por su lado
y azulado el cielo espeso
sin bocas
ni reclamos
sin tiempo, ni espasmos.
Quebranto.
¿Cómo supero esta adicción?
melancólica agonía
cafeína a torrentes
que me invade las venas
el corazón no me resisteno encuentra la puerta
un cuarto camino,
para descubrir que soy presa.
De ti, para ti y el destino…
Pensar por tres segundos
que no estás
que me fuique te vas
vuelvo, y me das asco
y nos vamos
cada quien a su paso
a su ritmo
por su lado
azulando el cielo espeso
sin bocas
ni reclamos
sin tiempo, ni espasmos
esperarnos tiernamente
ver cómo pasivamente
la oxidación nos va despellejando.
rp
martes, 24 de marzo de 2009
viernes, 20 de marzo de 2009
tu no sabes
Porque tú no sabes cuánto te quiero,
No sabes cuánto te adoro
Que mi vida se hizo para tí
Y mi muerte será por tí
Que el sol no es sol si no apareces,
Que la luna no es luna si no estás
Mis manos se caen a pedazos si no te toco,
Mis oídos se quiebran si no te escucho,
Mi olfato se pierde si no te huelo,
Mi boca se quema si no te beso,
Y mi corazón se marchita si no te encuentra...
Tú no sabes, cuánto te amo
rp
No sabes cuánto te adoro
Que mi vida se hizo para tí
Y mi muerte será por tí
Que el sol no es sol si no apareces,
Que la luna no es luna si no estás
Mis manos se caen a pedazos si no te toco,
Mis oídos se quiebran si no te escucho,
Mi olfato se pierde si no te huelo,
Mi boca se quema si no te beso,
Y mi corazón se marchita si no te encuentra...
Tú no sabes, cuánto te amo
rp
miércoles, 4 de marzo de 2009
sin nombre
Se veía un extraño y pequeño bulto en posición fetal, era Katy que se encontraba sumamente asustada; los relámpagos nunca habían sido de su agrado, pero, ¿quién no se asustaría de escuchar tremendo estruendo en una casa de lámina, cartón y restos de basura? Se escondía debajo de su cobija, esa que alguna vez le dijeron que había sido tejida por su madre cuando nació, con estambres de mil colores ya todos descoloridos de tantas lavadas y rayos del sol.
Pasadas unas cuantas horas la lluvia cesó, sólo quedaban esos goteos pausados del agua atrapada en los canales de las láminas. El silencio se hizo presente, y de pronto, por la ventana se empezaron a escuchar unos extraños ruidos, como si fuesen rasguños. Cuando se tiene apenas ocho años, cualquier ruido desconocido es aterrador, por lo que Katy, temerosa, se escondió de nuevo debajo de su cobija de cuadritos de estambre.
Los rasguños daban cuenta de una desesperación creciente. Luchando contra su miedo, caminó hacia la ventana para ver qué provocaba tan desagradables sonidos. Al asomarse por el vidrio sucio y percudido no vio nada; estaba tan tensa, que cuando observó una pequeña garra peluda y mojada, dio un brinco.
-¡¿Qué es eso?! –gritó.
La garrita rasguñaba el vidrio de nuevo, y fue entonces cuando Katy decidió abrir la ventana, sorprendiéndose al ver que aquél monstruo amorfo que había imaginado, era un gato mojado por la lluvia.
Le gustaban mucho los animales, pero sobre todo, tenía una fascinación por los gatos, -le encantaba ver sus huellitas-, no dudó ni un instante en recogerlo de la lluvia, secarlo y recostarlo en su cama, sin importar cuan sucio, pulgoso o enfermo se encontrara. Se acompañaron durante toda la noche, pero a la mañana siguiente, cuando despertó vio al pequeñín hecho bolita en su almohada, se quedó sentada en un costado de la cama y lo contempló pensando: “¿por qué la veces la vida tiene que ser tan dura y triste?”. El gato abrió los ojos y dio un gran bostezo, Katy se levantó, se puso encima del camisón una sudadera con unos cuantos hoyos en la tela y fue directamente a la cocina a ver si había algo de leche para darle al gato.
Sin poder hacer a un lado su naturaleza, el gato se levantó a inspeccionar el lugar, olfateó cada rincón, inspeccionó cada objeto de la vivienda, cuando de pronto escuchó el azote de una puerta y sin pensarlo dos veces se colocó de bajo de la mesa.
-¡Catalina!, ¡Catalina! –era la voz de su hermano.
-¡Estoy en el baño! –gritó la niña.
Era Pedro el que había llegado. Hermano mayor por diez años, mano derecha del encargado de la sección de plásticos del tiradero. Todos los que vivían en esa pequeña ciudad de basura, sabían que Pedro tenía un grave problema con las adicciones, una noche su padre lo corrió a los dieciséis años cuando se percató que había robado todo el dinero de una colecta de puro cobre –los metales son lo más codiciado entre los pepenadores-. Por el momento vivía con unos amigos que también trabajaban recolectando todo lo que llegaba de plástico.
-¿Qué haces aquí, Pedro? –preguntó la niña angustiada.
-Nada, nada, sólo venía a ver qué pedo, ¿y mi jefe, ónde anda?
-Trabajando, yo en un rato más me voy con él.
-Órale, órale, pues está bien, ¡qué morrita tan chambeadora!, je, je, je, –dijo dándole unas palmadas en la espalda-.
-¿Qué quieres? Tú no viniste a ver cómo estoy, tú traes algo.
-¡Uhh, carnala, no mames!, uno viene en buen pedo y ve. Pero está bien, no te voy a meter en pedos con mi jefe, ya me voy, nomás vine, a saludar a la familia. ¿Por qué no te vas a trabajar conmigo? El papel no es bisne. Tú hazme caso, yo sé lo que te digo. ¡La lana está en el plástico!
-¡Ay, ya vas a empezar! No puedo dejar a mi papá solo, además ¿tú que?, tú ya te fuiste, yo tengo que aguantarlo, ¿tú crees que va dejar que me vaya?, ¿quién le lava y le hace de comer? Si no es tan fácil. A ti todo se te hace bien fácil.
-¡Éjele!, ¿qué es esto?, tonchi, tonchi, psss, psss, ven gatito, ven… morra, te va ir como en feria si mi jefe ve animales en la casa, ya viste cómo nos fue la otra vez cuando metimos al perro… tonchi, tonchi… ¡Ven pinche gato!
El gato con toda la desconfianza que sentía hacia los humanos por los maltratos que había recibido, se alejó de Pedro y corrió al cuarto de la niña a esconderse. Pedro se fue y Katy se puso a limpiar la casa para después ir con la señora que recolectaba todo el producto en “buen estado” que venía del mercado de abastos, tenía que hacer algo de comer.
Terminaba de lavar los trastes cuando se acordó de aquél dinero que estaba en la vasija encima del refrigerador, reaccionó rápidamente y checó que estuviera todo en orden, ¡Nooo!, ¡pinche Pedro, por qué me hace esto! ¿Por qué?, ¡¿por qué?! –dijo sollozando, mientras buscaba desesperadamente el dinero por toda la casa.
Se sentó en la orilla de su cama, y con la nariz constipada de tanto llorar, estuvo pensando por un rato en qué hacer, porque de seguro sería merecedora de una golpiza.
Se dieron las tres y media, y se abrió la puerta:
-¡Cata, ya llegué!, ¿qué hay pa’comer? ¡Tengo un chingo de hambre! (silencio...) ¡Contéstame, que, estás pendeja o qué!
-Hay frijoles –contestó casi silenciosa.
-¿Y lo que te había encargado, qué?, ¿andabas de huevona, verdad?
-No, ¡si limpié!, ¿qué, no se ve?
-Si limpié… mmmhh, y qué más hiciste de comer.
-Sólo hay frijoles, porque no tenía dinero.
-¿Qué?, ¿en dónde está el dinero que te dejé?
-Se lo llevó Pedro.
-¡Hija de la chingada! ¿Por qué chingados dejaste que ese cabrón entrara?, ¿cuántas veces te lo tengo que decir?, ¡¿Cuantas?! ¡Eres una pendeja!
-Apá, es que estaba en el baño cuando él ya había entrado a la casa, pensé que eras tú y cuando salí me di cuenta que era Pedro. No me di cuenta que lo había tomado, hasta que me iba ir con doña Trini, en serio.
-¡¡Excusas!! ¡Puras excusas!-. Gritó enfurecido y la cogió del brazo dándole tremenda bofetada. Katy llorando le gritó que ella no tenía la culpa, que había hecho todo lo posible para que su hermano no se llevara el dinero. Pero lo único que lograba era enfurecerlo más. Pero la situación empeoró cuando después de haberla golpeado, entró a su habitación y la vio llorando en su cama con el gato.
-¿Qué chingados es esto? ¿Otra vez con tus putos animales? ¿Qué no entiendes, que no me gustan? ¡Ay, ya estoy harto de tus pendejadas!
-Pero, es que ayer estaba lloviendo muy fuerte y me dio mucha lástima ver que se estaba mojando- dijo sollozando.
-¡Y eso a mí qué me importa! Además, lástima debería darte a ti, por ser una pinche huevona buena para nada, ¿crees que me causa mucha gracia tener que mantener puros huevones? –refunfuñaba mientras cogía al gato del lomo y lo arrojaba por la puerta a la calle.
-¡Nooo! ¿Por qué haces eso?, ¡no te hace nada!
-Y si vuelvo a ver este gato aquí, se los va cargar la chingada… ¡a los dos!, ¿me escuchaste?
Después de aquel incidente, Katy no volvió a saber nada del pequeño gato. Pasó el tiempo, y Gato creció en alguna parte del basurero alimentándose de lo que encontraba. Un buen día volvió a aparecer en la ventana de Katy. Fue una tarde en la que ella estaba sola y al entrar a su habitación, vio un gato negro sentado en la orilla de la ventana.
Comenzó a dejar la ventana abierta para que Gato entrara cuando él quisiera. Se dio una relación muy extraña, todas las noches dormía con ella, pero por las mañanas era rigurosamente sacado por la ventana, antes de que fuera interceptado por el padre de Katy.
Así pasaron los días, hasta que Gato entendió que tenía que salir, y justo cuando la niña despertaba, él ya había desaparecido. El tiempo transcurrió y Katy para ese entonces ya tenía catorce años. Gato ya era enorme y hermoso, prácticamente todo seguía igual, a su edad seguía sin estudiar, trabajaba todavía en la recolecta de papel y cuidaba de la casa y su padre.
Una noche estaba realmente cansada y se fue a dormir temprano, pero era viernes, y como era rutina, esa noche llegó su padre ebrio como a eso de las 12 de la noche con dos amigos y siguieron bebiendo en un intento de sala -improvisando con cuanta artefacto había encontrado en la basura-. Estaban sentados, bebiendo, hablando, riendo, todo era parte de la rutina, pero en eso el padre de Katy se acordó de su difunta esposa y sus ánimos empezaron a bajar. Desde la muerte de su esposa no se volvió a casar, tenía una que otra mujer por ahí, pero nada se concretó.
-Y tu mujercita, ¿On tá? –le preguntó Ramiro.
-Creo que está dormida.
-Pos yo ya mero te empiezo a decir cuñao, ja, ja, ja, ja, digo, pues ya esta en la edad de merecer, o por lo menos arrejuntarse. Mira, no lo veas tan jodido, igual y Susanita se te fue, pero pues ahí tienes a la Katy, que es bien chambeadora.
-Oye cabrón, y nunca has pensado en, pos... tu sabes güey. –comentó intrigosamente el otro amigo.
-¡Cómo crees, pendejo!, ¿Cómo me la voy a coger?, estas enfermo, cabrón, ya ni la chingas.
-Ja, ja, ja, ja, pinche Pepe, eres un cabrón- se río Ramiro por el comentario.
-¡Ohh, pues! Si no quieren, pos no me hagan caso, total ya ando pedo –contestó mientras se acomodaba en la silla tambaleándose.
Pasadas las horas, Ramiro y Pepe se fueron de la casa. El padre de Katy quedó inconsciente sobre la mesa. De pronto despertó, se tambaleó hacia el refrigerador a destapar otra cerveza, dio tragos pronunciados y se volvió a sentar quedando de frente a la puerta de la habitación de su hija. Estuvo inmóvil por un buen rato mirando fijamente la cortina que fungía de puerta. Seguía ebrio. Pensaba en lo cansado que se sentía, no tenía ganas de despertar mañana... ¿Para qué?, si todo va seguir igual.
Empezó a escuchar los comentarios de Pepe como si se hubiera quedado el eco rebotando en su cabeza, cuando de pronto escuchó ruidos en el cuarto de su hija. Se levantó de la silla y aventó la cortina-puerta dejando que la luz de la sala alumbrara el cuarto, se dirigió hacia el catre donde dormía la niña, se acostó a un lado de ella y la abrazó. Después comenzó a descubrirle la playera que usaba de pijama.
Catalina, Sintió que alguien la estaba tocando, se despertó asustada, pero inmediatamente su padre le tapó la boca con una mano, y con la otra, intentó desabrochar su bragueta. Ella se movía desesperada, sus gritos sólo se resumían a simples gemidos, todo esfuerzo era en vano, alzó una mano por debajo del catre intentando buscar algo con que golpear a su padre, y sin querer testereó la caja de Gato.
El gato se despertó, escuchó que había mucho movimiento arriba, por lo que salió de su caja de cartón y vio que un bulto gigantesco jadeaba encima de Katy. El gato se asustó y brincó a una cómoda que estaba de lado de la cama y empezó a maullar fuertemente.
-¡¿Qué chingados fue eso?! –gritó enloquecido aquel hombre. Se levantó de la cama y al prender la luz, vio al gato enfurecido.
-¿Has tenido a ese animalejo todo este tiempo? –le gritó el padre a Katy, mientras ésta lloraba al subir sus pantaletas.
-¡Contesta cuando te hable! –le dijo lanzándole una bofetada.
Gato le brincó encima clavando sus garras en la espalda, el sujeto cogió al felino del lomo y después de arrancarlo de su ropa, lo aventó contra una de las paredes; se abalanzó contra Katy descargando toda su furia… golpeó, gritó, lloró, escupió y la jaloneó del cabello.
Se acomodó el pantalón, se dirigió al refrigerador por otra cerveza y salió de la casa. La niña quedó tirada en el suelo, llorando se arrastró por el cuarto hasta donde estaba Gato, el minino tenía sangre en la boca al igual que ella. Katy lo abrazó y lo acarició mientras él respiraba rápidamente. Gato volteó a verla y suspiró. Pero fue en ese profundo suspiro cuando dejó el cuarto de la niña, y ella agradecida por la dulce ternura que sólo un animal pudo darle, lo besó en su boquita, a pesar de que ya había dejado de existir.
Katy se dejó caer contra el suelo y quedando boca arriba vio el techo de lámina y cartón, dijo sollozando: ¡Déjenme ser libre!, ¡ya no puedo!, ¡ya no quiero!... Lloró hasta que ya no pudo, estaba totalmente cansada y adolorida, a los pocos minutos comenzó a sentir algo de sueño, cerró los ojos pero algo dentro de ella comenzó a desprenderse poco a poco de su cuerpo. Primero se le fueron entumeciendo las piernas, después los brazos, el cuello y al final quedó inconsciente.
Abrió los ojos creyendo que ya había muerto, que estaba en otro lugar. Miró a su alrededor y su cuarto seguía igual pero diferente, se desilusionó pensando que todo había sido un sueño, que sólo se había quedado dormida. Se levantó y después de sacudir su cabeza como si se hubiese mareado, observó que todo se veía más grande, tampoco sentía el dolor de los golpes, los colores se veían extraños y mucho más brillantes, su vista abarcaba muchas más cosas que lo común, como si su ojo se hubiese alargado. Caminó hacia el catre metiéndose debajo de él, miraba el pavimento lleno de polvo y con algunos tiliches que creía perdidos, permaneció ahí por un buen rato, contemplando y pensando.
Por fin se animó a salir, miró toda la habitación y dio un pequeño recorrido, a un costado de la cómoda vio un cuerpo tirado, se dirigió hacia él, olfateó el rostro, lamió un poco de la sangre que había corrido por la nariz y una de las mejillas, se dio la media vuelta, y se escapó por la ventana.
rp
Pasadas unas cuantas horas la lluvia cesó, sólo quedaban esos goteos pausados del agua atrapada en los canales de las láminas. El silencio se hizo presente, y de pronto, por la ventana se empezaron a escuchar unos extraños ruidos, como si fuesen rasguños. Cuando se tiene apenas ocho años, cualquier ruido desconocido es aterrador, por lo que Katy, temerosa, se escondió de nuevo debajo de su cobija de cuadritos de estambre.
Los rasguños daban cuenta de una desesperación creciente. Luchando contra su miedo, caminó hacia la ventana para ver qué provocaba tan desagradables sonidos. Al asomarse por el vidrio sucio y percudido no vio nada; estaba tan tensa, que cuando observó una pequeña garra peluda y mojada, dio un brinco.
-¡¿Qué es eso?! –gritó.
La garrita rasguñaba el vidrio de nuevo, y fue entonces cuando Katy decidió abrir la ventana, sorprendiéndose al ver que aquél monstruo amorfo que había imaginado, era un gato mojado por la lluvia.
Le gustaban mucho los animales, pero sobre todo, tenía una fascinación por los gatos, -le encantaba ver sus huellitas-, no dudó ni un instante en recogerlo de la lluvia, secarlo y recostarlo en su cama, sin importar cuan sucio, pulgoso o enfermo se encontrara. Se acompañaron durante toda la noche, pero a la mañana siguiente, cuando despertó vio al pequeñín hecho bolita en su almohada, se quedó sentada en un costado de la cama y lo contempló pensando: “¿por qué la veces la vida tiene que ser tan dura y triste?”. El gato abrió los ojos y dio un gran bostezo, Katy se levantó, se puso encima del camisón una sudadera con unos cuantos hoyos en la tela y fue directamente a la cocina a ver si había algo de leche para darle al gato.
Sin poder hacer a un lado su naturaleza, el gato se levantó a inspeccionar el lugar, olfateó cada rincón, inspeccionó cada objeto de la vivienda, cuando de pronto escuchó el azote de una puerta y sin pensarlo dos veces se colocó de bajo de la mesa.
-¡Catalina!, ¡Catalina! –era la voz de su hermano.
-¡Estoy en el baño! –gritó la niña.
Era Pedro el que había llegado. Hermano mayor por diez años, mano derecha del encargado de la sección de plásticos del tiradero. Todos los que vivían en esa pequeña ciudad de basura, sabían que Pedro tenía un grave problema con las adicciones, una noche su padre lo corrió a los dieciséis años cuando se percató que había robado todo el dinero de una colecta de puro cobre –los metales son lo más codiciado entre los pepenadores-. Por el momento vivía con unos amigos que también trabajaban recolectando todo lo que llegaba de plástico.
-¿Qué haces aquí, Pedro? –preguntó la niña angustiada.
-Nada, nada, sólo venía a ver qué pedo, ¿y mi jefe, ónde anda?
-Trabajando, yo en un rato más me voy con él.
-Órale, órale, pues está bien, ¡qué morrita tan chambeadora!, je, je, je, –dijo dándole unas palmadas en la espalda-.
-¿Qué quieres? Tú no viniste a ver cómo estoy, tú traes algo.
-¡Uhh, carnala, no mames!, uno viene en buen pedo y ve. Pero está bien, no te voy a meter en pedos con mi jefe, ya me voy, nomás vine, a saludar a la familia. ¿Por qué no te vas a trabajar conmigo? El papel no es bisne. Tú hazme caso, yo sé lo que te digo. ¡La lana está en el plástico!
-¡Ay, ya vas a empezar! No puedo dejar a mi papá solo, además ¿tú que?, tú ya te fuiste, yo tengo que aguantarlo, ¿tú crees que va dejar que me vaya?, ¿quién le lava y le hace de comer? Si no es tan fácil. A ti todo se te hace bien fácil.
-¡Éjele!, ¿qué es esto?, tonchi, tonchi, psss, psss, ven gatito, ven… morra, te va ir como en feria si mi jefe ve animales en la casa, ya viste cómo nos fue la otra vez cuando metimos al perro… tonchi, tonchi… ¡Ven pinche gato!
El gato con toda la desconfianza que sentía hacia los humanos por los maltratos que había recibido, se alejó de Pedro y corrió al cuarto de la niña a esconderse. Pedro se fue y Katy se puso a limpiar la casa para después ir con la señora que recolectaba todo el producto en “buen estado” que venía del mercado de abastos, tenía que hacer algo de comer.
Terminaba de lavar los trastes cuando se acordó de aquél dinero que estaba en la vasija encima del refrigerador, reaccionó rápidamente y checó que estuviera todo en orden, ¡Nooo!, ¡pinche Pedro, por qué me hace esto! ¿Por qué?, ¡¿por qué?! –dijo sollozando, mientras buscaba desesperadamente el dinero por toda la casa.
Se sentó en la orilla de su cama, y con la nariz constipada de tanto llorar, estuvo pensando por un rato en qué hacer, porque de seguro sería merecedora de una golpiza.
Se dieron las tres y media, y se abrió la puerta:
-¡Cata, ya llegué!, ¿qué hay pa’comer? ¡Tengo un chingo de hambre! (silencio...) ¡Contéstame, que, estás pendeja o qué!
-Hay frijoles –contestó casi silenciosa.
-¿Y lo que te había encargado, qué?, ¿andabas de huevona, verdad?
-No, ¡si limpié!, ¿qué, no se ve?
-Si limpié… mmmhh, y qué más hiciste de comer.
-Sólo hay frijoles, porque no tenía dinero.
-¿Qué?, ¿en dónde está el dinero que te dejé?
-Se lo llevó Pedro.
-¡Hija de la chingada! ¿Por qué chingados dejaste que ese cabrón entrara?, ¿cuántas veces te lo tengo que decir?, ¡¿Cuantas?! ¡Eres una pendeja!
-Apá, es que estaba en el baño cuando él ya había entrado a la casa, pensé que eras tú y cuando salí me di cuenta que era Pedro. No me di cuenta que lo había tomado, hasta que me iba ir con doña Trini, en serio.
-¡¡Excusas!! ¡Puras excusas!-. Gritó enfurecido y la cogió del brazo dándole tremenda bofetada. Katy llorando le gritó que ella no tenía la culpa, que había hecho todo lo posible para que su hermano no se llevara el dinero. Pero lo único que lograba era enfurecerlo más. Pero la situación empeoró cuando después de haberla golpeado, entró a su habitación y la vio llorando en su cama con el gato.
-¿Qué chingados es esto? ¿Otra vez con tus putos animales? ¿Qué no entiendes, que no me gustan? ¡Ay, ya estoy harto de tus pendejadas!
-Pero, es que ayer estaba lloviendo muy fuerte y me dio mucha lástima ver que se estaba mojando- dijo sollozando.
-¡Y eso a mí qué me importa! Además, lástima debería darte a ti, por ser una pinche huevona buena para nada, ¿crees que me causa mucha gracia tener que mantener puros huevones? –refunfuñaba mientras cogía al gato del lomo y lo arrojaba por la puerta a la calle.
-¡Nooo! ¿Por qué haces eso?, ¡no te hace nada!
-Y si vuelvo a ver este gato aquí, se los va cargar la chingada… ¡a los dos!, ¿me escuchaste?
Después de aquel incidente, Katy no volvió a saber nada del pequeño gato. Pasó el tiempo, y Gato creció en alguna parte del basurero alimentándose de lo que encontraba. Un buen día volvió a aparecer en la ventana de Katy. Fue una tarde en la que ella estaba sola y al entrar a su habitación, vio un gato negro sentado en la orilla de la ventana.
Comenzó a dejar la ventana abierta para que Gato entrara cuando él quisiera. Se dio una relación muy extraña, todas las noches dormía con ella, pero por las mañanas era rigurosamente sacado por la ventana, antes de que fuera interceptado por el padre de Katy.
Así pasaron los días, hasta que Gato entendió que tenía que salir, y justo cuando la niña despertaba, él ya había desaparecido. El tiempo transcurrió y Katy para ese entonces ya tenía catorce años. Gato ya era enorme y hermoso, prácticamente todo seguía igual, a su edad seguía sin estudiar, trabajaba todavía en la recolecta de papel y cuidaba de la casa y su padre.
Una noche estaba realmente cansada y se fue a dormir temprano, pero era viernes, y como era rutina, esa noche llegó su padre ebrio como a eso de las 12 de la noche con dos amigos y siguieron bebiendo en un intento de sala -improvisando con cuanta artefacto había encontrado en la basura-. Estaban sentados, bebiendo, hablando, riendo, todo era parte de la rutina, pero en eso el padre de Katy se acordó de su difunta esposa y sus ánimos empezaron a bajar. Desde la muerte de su esposa no se volvió a casar, tenía una que otra mujer por ahí, pero nada se concretó.
-Y tu mujercita, ¿On tá? –le preguntó Ramiro.
-Creo que está dormida.
-Pos yo ya mero te empiezo a decir cuñao, ja, ja, ja, ja, digo, pues ya esta en la edad de merecer, o por lo menos arrejuntarse. Mira, no lo veas tan jodido, igual y Susanita se te fue, pero pues ahí tienes a la Katy, que es bien chambeadora.
-Oye cabrón, y nunca has pensado en, pos... tu sabes güey. –comentó intrigosamente el otro amigo.
-¡Cómo crees, pendejo!, ¿Cómo me la voy a coger?, estas enfermo, cabrón, ya ni la chingas.
-Ja, ja, ja, ja, pinche Pepe, eres un cabrón- se río Ramiro por el comentario.
-¡Ohh, pues! Si no quieren, pos no me hagan caso, total ya ando pedo –contestó mientras se acomodaba en la silla tambaleándose.
Pasadas las horas, Ramiro y Pepe se fueron de la casa. El padre de Katy quedó inconsciente sobre la mesa. De pronto despertó, se tambaleó hacia el refrigerador a destapar otra cerveza, dio tragos pronunciados y se volvió a sentar quedando de frente a la puerta de la habitación de su hija. Estuvo inmóvil por un buen rato mirando fijamente la cortina que fungía de puerta. Seguía ebrio. Pensaba en lo cansado que se sentía, no tenía ganas de despertar mañana... ¿Para qué?, si todo va seguir igual.
Empezó a escuchar los comentarios de Pepe como si se hubiera quedado el eco rebotando en su cabeza, cuando de pronto escuchó ruidos en el cuarto de su hija. Se levantó de la silla y aventó la cortina-puerta dejando que la luz de la sala alumbrara el cuarto, se dirigió hacia el catre donde dormía la niña, se acostó a un lado de ella y la abrazó. Después comenzó a descubrirle la playera que usaba de pijama.
Catalina, Sintió que alguien la estaba tocando, se despertó asustada, pero inmediatamente su padre le tapó la boca con una mano, y con la otra, intentó desabrochar su bragueta. Ella se movía desesperada, sus gritos sólo se resumían a simples gemidos, todo esfuerzo era en vano, alzó una mano por debajo del catre intentando buscar algo con que golpear a su padre, y sin querer testereó la caja de Gato.
El gato se despertó, escuchó que había mucho movimiento arriba, por lo que salió de su caja de cartón y vio que un bulto gigantesco jadeaba encima de Katy. El gato se asustó y brincó a una cómoda que estaba de lado de la cama y empezó a maullar fuertemente.
-¡¿Qué chingados fue eso?! –gritó enloquecido aquel hombre. Se levantó de la cama y al prender la luz, vio al gato enfurecido.
-¿Has tenido a ese animalejo todo este tiempo? –le gritó el padre a Katy, mientras ésta lloraba al subir sus pantaletas.
-¡Contesta cuando te hable! –le dijo lanzándole una bofetada.
Gato le brincó encima clavando sus garras en la espalda, el sujeto cogió al felino del lomo y después de arrancarlo de su ropa, lo aventó contra una de las paredes; se abalanzó contra Katy descargando toda su furia… golpeó, gritó, lloró, escupió y la jaloneó del cabello.
Se acomodó el pantalón, se dirigió al refrigerador por otra cerveza y salió de la casa. La niña quedó tirada en el suelo, llorando se arrastró por el cuarto hasta donde estaba Gato, el minino tenía sangre en la boca al igual que ella. Katy lo abrazó y lo acarició mientras él respiraba rápidamente. Gato volteó a verla y suspiró. Pero fue en ese profundo suspiro cuando dejó el cuarto de la niña, y ella agradecida por la dulce ternura que sólo un animal pudo darle, lo besó en su boquita, a pesar de que ya había dejado de existir.
Katy se dejó caer contra el suelo y quedando boca arriba vio el techo de lámina y cartón, dijo sollozando: ¡Déjenme ser libre!, ¡ya no puedo!, ¡ya no quiero!... Lloró hasta que ya no pudo, estaba totalmente cansada y adolorida, a los pocos minutos comenzó a sentir algo de sueño, cerró los ojos pero algo dentro de ella comenzó a desprenderse poco a poco de su cuerpo. Primero se le fueron entumeciendo las piernas, después los brazos, el cuello y al final quedó inconsciente.
Abrió los ojos creyendo que ya había muerto, que estaba en otro lugar. Miró a su alrededor y su cuarto seguía igual pero diferente, se desilusionó pensando que todo había sido un sueño, que sólo se había quedado dormida. Se levantó y después de sacudir su cabeza como si se hubiese mareado, observó que todo se veía más grande, tampoco sentía el dolor de los golpes, los colores se veían extraños y mucho más brillantes, su vista abarcaba muchas más cosas que lo común, como si su ojo se hubiese alargado. Caminó hacia el catre metiéndose debajo de él, miraba el pavimento lleno de polvo y con algunos tiliches que creía perdidos, permaneció ahí por un buen rato, contemplando y pensando.
Por fin se animó a salir, miró toda la habitación y dio un pequeño recorrido, a un costado de la cómoda vio un cuerpo tirado, se dirigió hacia él, olfateó el rostro, lamió un poco de la sangre que había corrido por la nariz y una de las mejillas, se dio la media vuelta, y se escapó por la ventana.
rp
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