martes, 19 de agosto de 2008

el sentido


Fumó un poco de la mota que quedaba en la pipa antes de meterse a bañar, prendió el estéreo y la computadora, puso algo de Nouvelle Vague y al fondo se escuchaba a Diego lavando los trastes. Mientras se quitaba la ropa brotan imágenes de la noche anterior en la que experimentó de nuevo la adrenalina de coger con alguien con sus mismos gustos, placeres y filias.
-¿A qué hora llegará tu mujer? –gritó Diego desde el pasillo.-Ya viene para acá, no me tardo nada bañándome, en cuanto salga te ayudo.-O.k., ¿tiene llaves o tengo que bajar a abrirle?-Ábrele, por favor. No le gusta que le avienten las llaves por el balcón.
Giró la manija derecha y esperó a que saliera agua caliente para meterse a bañar, la sensación que le produjo la mota hacía que el escurrir del agua fuera todo un deleite, el jabón en el cuerpo, el shampoo y la fricción de las manos en el cuero cabelludo. Tenía una sonrisa enorme, se sentía plena en ese momento. De pronto, oye a Diego gritar y abrir la puerta; pasaron un par de minutos cuando comenzaron a escucharse voces al fondo.
-¿En dónde está mi novia?-Se está bañando, pero no tarda mucho.-¡Así que se está bañando! Mmmh, eso significa que está desnuda.-Así es.
Mientras Mariana rasuraba su axila derecha y escuchaba el bullicio al fondo, de pronto se abrió la puerta del baño y se escuchó un saludo efusivo: ¡Hola, cosa! ¿Qué haces? -Preguntó con cierto tono suspicaz.
Mientras buscaba la llave del agua, se escuchó que se abrió la cortina del baño. El agua comienza a fluir, levantó su rostro para enjuagarlo, se acomodó el cabello hacia atrás, y justo cuando tenía sus manos enredadas en el cabello, unos brazos la rodearon fuertemente. Se volteó e intentó abrir los ojos entre las tiras de agua, pero justo antes se introdujo una cálida lengua en su boca y un cuerpo desnudo la empujó hacia la pared.
Entre la sorpresa, la atracción física, la conciencia alterada, las caricias en el lugar exacto y en el momento preciso, se generó una atmósfera de lo más erótica, donde cada una de las partes del cuerpo incrementó su temple interna, el cosquilleo en la pelvis y los gemidos que dejan de ser discretos y esporádicos. Realmente no habían pasado más de tres días de conocerse, realmente, de los dos años que tenían de haberse presentado nunca cruzaron palabra por más de cinco minutos. No obstante, fue desde el primer día que salieron cuando terminaron cogiendo y enredándose en una relación.
Se acabó el agua caliente y comenzó a salir totalmente fría, poco importó, ninguna de las dos sentía el cambio de temperatura, seguían besándose con aquella profundidad en la que pareciera que te vas a comer la lengua de tu acompañante. Se abrazaban y apoyaban sobre el muro como si intentaran fundirse un cuerpo con otro. Se aproxima un orgasmo, el agua, el olor a cabello perfumado, el cuerpo oloroso a jabón, sexo pasional y desenfrenado, y un gay tarareando canciones de Marisela mientras se apresura lavando los trastes para salir del departamento.
-Muchachas, ya me voy. –gritó desde la puerta de la entrada.-Ya vamos, no tardamos en salir.-No, no, ustedes sigan cogiendo, yo me voy adelantando y mejor nos vemos allá.-O.k., muy bien, nos vemos en un rato más.
Se cierra la puerta y queda todo en silencio, Carolina coge de la mano a su novia y la saca corriendo del baño escurriendo, la tumba sobre la cama y comienza hacerle un oral. Las sábanas se mojan, los cuerpos comienzan a sudar, la saliva escurre entre las piernas, una almohada encima de su rostro para que no la escuchen sus vecinos… Abrazos, suspiros, besos en la frente y en los párpados, una cabeza recargada en un cuello y piernas entrelazadas.
-Me encantas.-Y tú a mí.-¿Qué vamos hacer con esta situación? Yo no tenía planeado enamorarme.-No lo se, se supone que yo me concentraría únicamente en mi trabajo y mis proyectos.-No te quiero dejar de ver y no entiendo por qué, eso me choca.-(Suspiro). Te entiendo, estoy en la misma situación.-¿Lo intentamos?-¿Qué cosa?-Ser novias, y tal vez, querernos.-Sí.
Se abrazaron y se dieron un beso pequeño, y poco tiempo después de permanecer acostadas en la cama, se levantaron rápidamente para arreglarse. Bajaron apresuradamente las escaleras del edificio, se subieron al auto, se pusieron el cinturón, sintonizaron una estación de radio y se miraron simultáneamente: una risa nerviosa surgió por parte de ambas; Carolina tomó la mano de Marina y la puso sobre la palanca de velocidades, prendió el auto y arrancò.
R.P.

1 comentario:

Juan Manuel Bonilla Soto dijo...

¿No el grifo del agua caliente se encuentra a la izquierda cuendo estamos parados de frente al muro de la regadera?
¿Es que mariana estaba de espaldas a la pared?

De cualquier modo, no faltará el moralino que diga que eso tiene justificación porque es parte de lo torcido que hay en el relato.

Para variar, otra vez este relato está genial.