martes, 19 de agosto de 2008

Alucinacion


Perfección, es su palabra favorita. Obsesivo como pocos he conocido. Llegó un punto en el cual no sabía realmente si su carácter atendía a una iniciativa propia, o bien, a una educación en colegios católicos desde sus primeros años. Nos conocimos cuando cursaba la universidad en una de esas instituciones muy reconocidas del país -por ser de las más disciplinadas y exigentes, y obviamente, administradas por los tan de moda Legionarios de Cristo-.
Nunca conocí a su familia, sólo supe que está envuelta en la política desde hace tres generaciones -su abuelo fue senador-, sus amigos de la infancia son ejecutivos o empresarios, pero curiosamente, a él nunca le interesó seguir con un estilo de vida de esa índole, a él le gustaba pintar y escribir.
Cuando hizo pública su pasión por la pintura y solicitó apoyo para que lo enviaran a estudiar a Florencia, su familia no accedió y le propusieron un trato, tendría que trabajar en algún negocio de la familia o en el partido político al cual pertenecían, por lo menos hasta los treinta y cinco años, después, le permitirían dedicarse a lo que quisiera –ingenuamente creyeron que desistiría de su vocación y terminaría insertándose en el sistema como todos los demás-.
Su padre murió cuando tenía veintiocho años, así que, llegando el trigésimo quinto cumpleaños renunció a su puesto en el “Partido”, y su madre después de intentar retenerlo con cuanto chantaje se le ocurría, no tuvo más opción que aceptar.
Personaje admirable, nivel de cultura envidiable –lo acepto-, con capacidad analítica, muy creativo, algo retorcido, humor extravagante, con una guapura andrógina, pero sobre todo, excesivamente hermético en lo que refiere a sus emociones y sentimientos; muy pocas amistades y muchos conocidos, no solía andar en eventos públicos ni en fiestas privadas, era más de estar en su casa trabajando en su estudio, el cual tenía la entrada estrictamente prohibida a toda persona -incluyendo su madre-.
La mayor parte del tiempo se encontraba en su estudio, incluso, llegaba a encerrarse por varios días continuos; metía un paquete de latas de atún preparado con verduras, un frasco grande de mayonesa, sus paquetes de galletas habaneras y rellenaba el refrigerador con botellas de cerveza Casta Bruna.
El viernes 24 de abril fue un día diferente, estuvo todo el día despejando los tiliches de la mesa, acomodando sus cuadros en uno de los muros, los pinceles en una caja, colocando bolsas de plástico alrededor de la mesa, acomodando las lámparas, sacó su cámara fotográfica con su respectivo lente y filtros; y una vez acomodados y perfectamente alineados todos los instrumentos, se metió al baño a preparar la tina, mientras se zambullía acercó un cenicero y su cajetilla de cigarros, se acomodó y prendió uno, extendió la mano y presionó la tecla play en la grabadora que estaba encima de una silla.

Regresó a su casa acompañado de una mujer, era una prostituta novata, joven, estudiaba la licenciatura en administración, vivía con dos compañeras de la escuela, su familia era de Mazatlán y ella contaba con tan sólo diez y nueve años. Escogió la prostitución porque sabía que era una mujer muy guapa, que podía darse el lujo de escoger a quién le prestaba sus servicios, a veces sólo cogía a cambio de una noche de buena fiesta: cocaína, vodka, ecstasis, lo que fuera que la pusiera eufórica y caliente.
Se conocían de una fiesta, platicando con ella se dio cuenta de su habilidad para vender su cuerpo, le pidió su teléfono y quedó de comunicarse algún día.
-¡Qué bonita casa! Me gusta, ¿vives aquí con tu familia?.-Sí.-Tu esposa tiene muy buen gusto.-No estoy casado, es la casa de mi madre. ¿Quieres algo más? -Quiero algo que me ponga de buen humor, ¿cómo ves?, ¿tendrás algo entre tus curiosidades?-Mmmh, creo que tengo lo indicado para que te relajes.-Cariño, no me quiero relajar, quiero divertirme.-Pues también tengo algo muy bueno para eso… cariño, créeme que te divertirás bastante.-Ja,ja,ja,ja, veo que te desenvuelves muy rápido.
La llevó a su estudio, la recostó tiernamente en el sillón y le hizo la seña con los dedos de que esperara un momento, la mujer le sonrió y se acomodó en el mueble mientras comenzaba a desabotonarse la blusa.
-¿Qué es?-Es tu pase directo a la diversión.-Me gusta la pipa, se ve muy vieja, como del oriente… China, Japón, algún país de esos.-Tailandia. Es una pipa para fumar opio.
Fumaron, bebieron, se besaron, comenzaron a tocarse y olfatearse mutuamente, el efecto había incrementado la magnitud de los sentidos, el olor a sudor con mezclas de perfume, los besos húmedos y jugosos, todos los elementos conformaban un cuadro erótico sugerente para alguna sesión de sexo desenfrenado. Cogieron en el sillón y sobre la duela cubierta de plásticos.
Mientras ella estaba recostada encima del cuerpo de Diego, él tenía la vista perdida en el techo, no había expresión alguna en su rostro, de pronto, se levantó lentamente y dejó caer el cuerpo de Myrna sobre el sofá, se dirigió hacia una gaveta y sacó una jeringa y una ampolleta.
Había pasado una hora cuando comenzó abrir los ojos, no podía pensar, las imágenes se encimaban unas con otras, cuando por fin pudo enfocar su vista se topó con su cara excelsamente limpia, tan simétrica, sus ojos claros brillantes, muy concentrado, con un mandil de un blanco pulcro. La inspecciona con sus manos protegidas con guantes de látex transparente, mueve un poco su cabeza, mide la longitud de su cabello y le pone gotas en los ojos para humedecerlos.
Ella intenta hablarle pero no puede emitir sonido alguno, con la mirilla del ojo se da cuenta que esta sobre la mesa de trabajo, cree que es parte de su viaje, el opio realmente es algo poderoso… en eso, siente que algo recorre su tórax, se imagina que la presiona con un dedo hasta su ombligo, de pronto, una sensación húmeda, entre cálida y fría le produce un espasmo.
Yodo y gasa, una línea recta, el filo de un bisturí y sangre; introduce su dedos en la fisura para poder abrir los tejidos y poder sacar lo que hay dentro, comienza a sacar parte del intestino acomodándolo sobre la pelvis como si fuese bello púbico, pero no le convence la imagen; saca todos los órganos del interior y los acomoda a los costados, coge la cámara y toma una foto, revisa que haya sido buena la toma y comienza a disparar en repetidas ocasiones.
Tomó un carrete de cáñamo muy delgado y comenzó a coser los intestinos uniendo pliegue con pliegue, el resto de los órganos, excepto los pulmones, el corazón y los riñones, fueron cortados en trozos, en su mente cada una de las partes cumpliría con un rol, ninguno sería tirado.
Algunos trozos de víscera fueron encajados en alambre galvanizado más grueso formando pequeñas secuencias de diferentes longitudes, los que sobraban los iba colocando en recipientes desechables Ziploc, por tamaños y tonalidades, y así, los fue guardando en el refrigerador.
Myrna sentía mucho movimiento en el cuerpo, pero el sueño era demasiado pesado, estaba entre despierta y dormida, seguía perdida en el inconsciente, tenía algo de miedo, no sabía si estaba pasando por un viaje muy retorcido o definitivamente alguien le estaba haciendo algo a su cuerpo. No pudo contener más y brotaron lágrimas que recorrían parte de sus mejillas y se depositaban en el trago de la oreja.
Sacó unas pinzas para abrir más el diafragma, después comenzó a colocar alrededor de la apertura el intestino anteriormente trabajado, volvió a coser con mucha dedicación, su mirada reflejaba una concentración total. De pronto, se detuvo en seco, se quedó inmóvil por unos cuantos segundos y después se dirigió apresuradamente hacia el sofá, recogió la pipa y volvió aspirar con todas sus fuerzas aquel humo prodigioso, sacó la grabadora del baño y la acomodó en un extremo de su mesa de trabajo.

Sus manos flotaban en ese charquito caliente de sangre, podía sentir en toda su piel la suavidad del tejido de la carne viva, se dejó llevar por la excitación del olor a sangre oxidada, obteniendo una erección provocada por aquel desborde de emociones, definitivamente, jamás había vivido algo así en toda su vida. En absoluto había tocado un cuerpo vivo por dentro, mucho menos, había experimentado esa sublimidad en el acto puro de la contemplación de la lucha entre la vida y la muerte.
La sangre corre aceleradamente por las bolsas de plástico, la materia viva poco a poco languidece, era un sacrificio, un culto al arte, se encontraba desbordado por aquella espiritualidad, era glorioso para él cómo sus manos moldeaban la inmortalidad, estaba embelesado de tanto goce, en ocasiones sentía que no podría resistir más y que su cerebro terminaría estallando.
En algún momento de la vida, esa materia inevitablemente sería azotada por el paso del tiempo sin dejar rastro alguno en la historia, condenada al anonimato, no obstante, se había dado un giro, una extraña conexión o alguna manifestación azarosa, el punto central era que se había dado un cambio radical en la teoleología del cuerpo: la mortalidad.
Como si fuera un Dios, transformaba y movía de lugar la materia a su antojo, cada acto creativo era una manifestación emocionalmente intuitiva, su racionalidad sólo se enfocó en dar órdenes a los diferentes músculos de su cuerpo para concluir una técnica refinada, estaba realmente extasiado con la intensidad que le proporcionaba cada uno de sus sentidos.
Despertó. Se levantó lentamente del sillón como si hubiera sido apaleado y no pudiera moverse por el dolor, se encontraba desnudo y tenía en su pierna derecha una mancha blanca de semen seco, la miró fijamente dudando de su condición, no sabía si seguía drogado o ya estaba consciente, vio la mesa de trabajo limpia y acomodada, abrió el refrigerador y había solamente un recipiente con comida, los botes de basura estaban recién recogidos, así que, al parecer todo había sido un sueño.
Se dirigió al baño todavía algo aturdido, ¿cuántos días han pasado?, ¿trabajé o me quedé dormido?, ¿y Myrna?, ¿habrá sido un sueño o realmente la habré matado?, ¿seré un alcohólico?, o peor aún, ¿será que la droga me ha dañado ya el cerebro y sufro de alucinaciones?, todas éstas eran preguntas que surgían mientras se miraba fijamente en el espejo del baño.
Cogió su celular y marcó al número de Myrna pero lo mandó al buzón, no vio ninguno de sus cuadros ni la cámara fotográfica, todo indicaba que sólo había aluciando, así que se rió un poco por el susto que le había producido la incertidumbre. Tomó las llaves y salió del estudio, saludó al jardinero y se metió a su casa; subió lentamente las escaleras y al final se topó con la mujer que hace el aseo en casa, la miró y le sonrió a manera de saludo pero ella bajó la mirada con mucha ansiedad y aceleró el paso, abrió la puerta de su habitación y lo primero que vio fue una serie de cuatro cuadros de diferentes tamaños cubiertos con una manta manchada de sangre seca, y sobre la cama yacía su cámara fotográfica.
R.P.

Lynch


Me encuentro acostada enfrente de mi computadora mientras mi perro duerme en la orilla de la cama, pasa de las tres de la madrugada, el cansancio quiere vencerme, sabe que he dormido muy poco, que no me he alimentado bien, que he bebido mucho últimamente y demás cosas que no quiero especificar.
Salí a fumar un cigarrillo al balcón. La ciudad esta silenciada, hay infinidad de luces prendidas y hasta el fondo de mi cabeza escucho una de esas canciones extrañas que aparecieron en la película. Exhalo el humo del cigarro y siento como mi presión disminuye, mi cuerpo se ha vuelto pesado pero mi cerebro sigue trabajando, no quiere dormir, tiene algo que decirme.
Inland Empire=brain+rape. Mis neuronas se sienten ultrajadas por imágenes incoherentes… ¿incoherentes?, mmmh, creo que ese término no aplica del todo. El punto es que vengo a escupir algo, no se qué sucedió, sólo puedo decir que me sentí violada cerebralmente.
Hace más de cinco horas le di como cuatro grandes fumadas a lo que quedaba del porro de ayer –decidimos fumar mota y ver un video de las suicidegirls-, una de mis amigas sacó un cigarro y lo encendió, fumé un poco de él, nos levantamos todas de la cama y salimos del departamento. Llegamos al Cineforo, –tengo que admitir que fue extraño encontrar tanta gente reunida para ver una película de David Lynch-, compramos agua, nos metimos a la sala y nos sentamos, el resto fue sólo debraye mental.
No se de qué trató pero al mismo tiempo lo intuyo, no puedo explicar la trama de la historia pero hasta cierto punto la entiendo, en ocasiones sufrí porque no entendía qué relación tenía una escena con la otra pero no podía dejar de verla. Salí en shock de la sala pero admirando cada vez más al director.
Hace unos minutos, mientras estaba en el balcón mirando hacia el edificio en donde trabajo –y donde también se proyectó la película-, recordé que ha iniciado el tiempo de lluvias, eso significa que pronto surgirán botones de entre la mierda de las vacas, de esos que se confunden con el azul del cielo y lo verde del paso. Es mi tercera llamada en el año. Lo acepto, quiero que me encuentren esas cabezas, quiero mirarlos de frente, olerlos y comerlos, quiero que me hablen; se que corro el riesgo de que me regañen y me apaleen psicológicamente, pero no me da miedo, creo que puedo soportarlo –en el fondo lo que busco es sacudirme-.
Hace unos días, más o menos como a estas mismas horas, escribía sobre Antonin Artaud para mi trabajo de hermenéutica, me sorprendió saber que él había viajado desde Francia a la Sierra Tarahumara para vivir la experiencia del peyote, y fue cuando pensé: "así como yo tengo la necesidad de tirarme al pasto y alucinar cómo cada una de mis partículas se funden con la tierra, cómo mi olor se esparce en el aire del campo, cómo mis ojos se disuelven entre los colores y forman espirales en el cielo, encontrar la continuidad de mi ser, diría –tal vez- Bataille… Pues, así como yo, alguien vivió una situación muy similar en otra ubicación espacio-temporal".
Hoy me di cuenta que sigo buscando, no he podido parar. Cada que veo una fotografía, película o leo algún libro que me apabulla emocionalmente, quiero fundirme con algo o con alguien para volver a sentir esa inmensidad. Al parecer, nunca podré controlar mis afecciones ni mi deseo, ahora entiendo por qué muchos dicen que es angustiante.
Algunos sueñan con morir y desprenderse del cuerpo, viajar a otro lado, puede ser un mundo paralelo, un cielo como el que nos muestra el Atalaya y la Biblia judeocristiana, o pueden ser muchas cosas. Cuando lo pienso, me doy cuenta que no busco ese tipo de trascendencia, tampoco tengo la intención de inmortalizarme a través de la genética uniendo mis cromosomas con los de alguien más, creo que lo que más me gustaría es un desenchufe completo ¡game over!... y justo después de eso, mi materia muerta se transforme/transmute en materia viva, y sólo así, vuelva a ser parte de todo, como si hubiera sido un gran orgasmo, sería lindo volver a vivir -por última vez- esa plenitud total, como esa felicidad desbordante que te invade justo cuando regresas de un malviaje.
R.P.

La fotografia

Habían pasado más de dos años de matrimonio, ninguno de los dos llegaba a los treinta, viajaban, iban a reuniones, comían los domingos en casa de los padres de él, ella por su parte tenía un vínculo vía telefónica y correo electrónico con su familia, trabajaban en cosas muy similares pero de manera independiente, iban juntos al gimnasio y tenían un hijo: un gato gris.
Esa noche tenían una fiesta, era la inauguración en el Museo de Arte Contemporáneo de una amiga fotógrafa muy cercana, ella iba realmente deslumbrante dentro de un vestido tinto que tenía meses queriéndose poner –por fin había bajado esos kilos que decía que tenía de más-. A pesar de que no estuvieron juntos toda esa noche y de no haber cruzado más de veinte palabras en más de cinco horas, una vez llegado a su casa y mientras ella lavaba su rostro en el baño y mojaba un poco su cabello fue delicadamente abordada por su marido, quien la tomó por la cintura y se recargó sobre su espalda mientras ella quitaba los restos de jabón de su cara.
Esa noche ella lloró cuando se vino, había sido muy buen sexo, le había parecido hermoso el hecho de que mientras ella tenía su orgasmo su marido la miraba con una ternura infinita, realmente la amaba, le enterneció verlo tan vulnerable y transparente; mientras escurrían lágrimas por sus mejillas él se las quitaba frotando su rostro contra el de ella.
Amaneció. Él se fue a trabajar y ella se quedó dormida hasta las once, ya no tenía que ir al curso. Se levantó al baño a orinar, y mientras lo hacía, ojeaba una revista Urban que les regalaron en un antro gay cuando fueron al quinto aniversario de una pareja de chicos, amigos de Silvia. Tenía años que no ojeaba una revista de esas, comenzó a revisar página por página y justo en la número veintiuno vio una fotografía, salía la que alguna vez fue su pareja por más de siete años abrazada de una mujer madura pero muy guapa: Michel Fouré y Verónica Ríos en la inauguración del Safo Café. La revista cayó al suelo, estaba igualita, tenía el cabello más largo de lo común, había subido un poco de peso y usaba anteojos –de muy bonito armazón, por cierto-, pero a pesar de ello, se veía como la última vez que estuvieron juntas.
Salió del baño y se dirigió al buró, sacó del cajón una cajita metálica, se sentó sobre la cama, cogió una de las películas que estaban a su alcance y comenzó a limpiar la mota. Cinco fumadas y salió al balcón. Prende un cigarro. Silencio. Silencio. Silencio. Se mete de nuevo y se tira a la cama. Intranquilidad, un hueco en el estómago: “¿Por qué la hojeé?, ¿por qué tenía que verla?, se suponía que ya no regresaría”.
A su costado estaba la caja de la película con un poco de restos de hoja seca, tenía años que no la veía y ese director era de sus favoritos, la miró mientras exhalaba el humo del cigarro, la cogió y abrió. El dvd estaba ahí, destellando luces de colores –no era original sino una copia-, lo quitó de donde estaba sujetado y lo puso en el reproductor.
La mota surgió efecto, mientras veía la película su cuerpo experimentaba sensaciones extrañas, comenzó a sentir calor, se había excitado en la escena en donde la mujer se masturba en la cama de un tipo que era su novio pero casi nunca veía: una cama con cobija a cuadros en un cuarto con poca luz, se ve un trasero muy bonito con unos calzones negros, unas piernas largas con ligero y unos zapatos de tacón como del diez, no se ve el rostro de la china, sólo se percibe el movimiento de su cuerpo y sus gemidos chillones como el de algún personaje de hentai.
Silvia comienza a masturbarse mientras observa la película, comienza a recordar escenas de la noche anterior, el abrazo en el baño, cuando Ricardo besaba lentamente su vientre y se dirigía beso con beso hacia su clítoris, los músculos de su cuerpo masculino, su pene erecto, pero las imágenes no eran suficientes, estaba excitada, sí, pero no podía venirse. Quita la mano y se recuesta de lado, abraza la almohada y sigue viendo la película.
El calor en el cuerpo seguía ahí, había cosquilleo en la entrepierna, decide quitarse la pijama, escupe en sus dedos y vuelve a masturbarse, comienza a menearse como si alguien se la estuviera cogiendo, comienza a tocarse las tetas y sobar su vientre. La fotografía de Verónica aparece en su mente y comienza recordar…
El primer beso apasionado cuando tenían incipientes doce años, la primara vez que la vio desnuda, el sexo oral que le gustaba hacerle cuando traía falda, sus tetas redondas y grandes –como le gustaban- con aquellos pezones rositas y pequeños, los jalones de cabello, las bofetadas y escupidas en la cara mientras le decía “¿Quién es tu mami?”, el poder que le producía hacerla gemir cuando tenían fisting, la ocasión que cogieron en el baño de los padres de Verónica y le hizo un goldenshower mientras el agua de la ducha escurría por sus cuerpos enjabonados… flashbacks, flashbacks y más flashbacks.
Se viene en un grito. Abre los ojos sorprendida. ¡No mames, qué rico! -dice en voz muy baja. Su cuerpo tiembla, sus pezones estaban totalmente erectos y sus ojos lloraban de nuevo. Se toca su vagina suavemente y se da cuenta que estaba exageradamente lubricada, cierra su mano en puño llevándose unos cuantos vellos y se encoge en posición fetal. Llora, llora dolorosamente, sabe que no puede con la situación, ya no puede fingir todo el tiempo, “el pasado le vuelve a pasar”.
Se limpia los ojos con la sábana y mira la televisión, en ese momento se ve a la china masturbarse otra vez, la mira fijamente, se oyen los gritos de placer como si fuera una película porno, y de pronto, se escucha un llanto y no era de ella, la actriz lloraba en la escena mientras se masturbaba, Won Kar-Wai, de nuevo, le había rebotado visualmente su estado de animo. Apaga la televisión, se mete a bañar, se recarga sobre el muro de mosaicos azules mientras el agua le cae por encima, su cabello le tapa una parte del rostro, se queda en esa posición por más de cinco minutos, pensando.
Timbra el teléfono mientras se seca el cuerpo, sale envuelta en la toalla y contesta:
-Cielo, ¿Quieres comer en La Trattoría?-¿Otra vez comida italiana?-Entonces, ¿qué se te antoja?-Quiero que tú me cocines.-¿Eso quieres?-Sí. Quiero que me cocines unos portobello y después me cojas.-Grrrr. Me fascina cuando te pones intransigente.-Lo sé.-O.k. Llego en una hora, primero pasaré al súper.-Te acompaño, quiero ir contigo.-Muy bien, ¿pero ya estas lista?, porque llego en veinte minutos.-Perfecto, me arreglo en menos de eso.-O.k., te veo en cualquier momento, chulísima.
Sus ojos estaban vidriosos por contener el llanto, se sentía falsa, pérfida, mezquina. Se vistió rápidamente, se puso desodorante y un poco de perfume, untó su crema antiarrugas, se rizó las pestañas poniendo un poco de rímel, lavó los dientes mientras estaba sentada en el retrete orinando, se levantó a escupir la espuma de la pasta dental, cogió un trozo de papel y se limpió… URBAN. Coge la revista y la abre en la página veintiuno, la ve por última vez, besa la imagen sobre el papel, tira la revista al cesto de basura, se pone un poco de brillo en los labios y sale del baño radiante.

R.P.

el sentido


Fumó un poco de la mota que quedaba en la pipa antes de meterse a bañar, prendió el estéreo y la computadora, puso algo de Nouvelle Vague y al fondo se escuchaba a Diego lavando los trastes. Mientras se quitaba la ropa brotan imágenes de la noche anterior en la que experimentó de nuevo la adrenalina de coger con alguien con sus mismos gustos, placeres y filias.
-¿A qué hora llegará tu mujer? –gritó Diego desde el pasillo.-Ya viene para acá, no me tardo nada bañándome, en cuanto salga te ayudo.-O.k., ¿tiene llaves o tengo que bajar a abrirle?-Ábrele, por favor. No le gusta que le avienten las llaves por el balcón.
Giró la manija derecha y esperó a que saliera agua caliente para meterse a bañar, la sensación que le produjo la mota hacía que el escurrir del agua fuera todo un deleite, el jabón en el cuerpo, el shampoo y la fricción de las manos en el cuero cabelludo. Tenía una sonrisa enorme, se sentía plena en ese momento. De pronto, oye a Diego gritar y abrir la puerta; pasaron un par de minutos cuando comenzaron a escucharse voces al fondo.
-¿En dónde está mi novia?-Se está bañando, pero no tarda mucho.-¡Así que se está bañando! Mmmh, eso significa que está desnuda.-Así es.
Mientras Mariana rasuraba su axila derecha y escuchaba el bullicio al fondo, de pronto se abrió la puerta del baño y se escuchó un saludo efusivo: ¡Hola, cosa! ¿Qué haces? -Preguntó con cierto tono suspicaz.
Mientras buscaba la llave del agua, se escuchó que se abrió la cortina del baño. El agua comienza a fluir, levantó su rostro para enjuagarlo, se acomodó el cabello hacia atrás, y justo cuando tenía sus manos enredadas en el cabello, unos brazos la rodearon fuertemente. Se volteó e intentó abrir los ojos entre las tiras de agua, pero justo antes se introdujo una cálida lengua en su boca y un cuerpo desnudo la empujó hacia la pared.
Entre la sorpresa, la atracción física, la conciencia alterada, las caricias en el lugar exacto y en el momento preciso, se generó una atmósfera de lo más erótica, donde cada una de las partes del cuerpo incrementó su temple interna, el cosquilleo en la pelvis y los gemidos que dejan de ser discretos y esporádicos. Realmente no habían pasado más de tres días de conocerse, realmente, de los dos años que tenían de haberse presentado nunca cruzaron palabra por más de cinco minutos. No obstante, fue desde el primer día que salieron cuando terminaron cogiendo y enredándose en una relación.
Se acabó el agua caliente y comenzó a salir totalmente fría, poco importó, ninguna de las dos sentía el cambio de temperatura, seguían besándose con aquella profundidad en la que pareciera que te vas a comer la lengua de tu acompañante. Se abrazaban y apoyaban sobre el muro como si intentaran fundirse un cuerpo con otro. Se aproxima un orgasmo, el agua, el olor a cabello perfumado, el cuerpo oloroso a jabón, sexo pasional y desenfrenado, y un gay tarareando canciones de Marisela mientras se apresura lavando los trastes para salir del departamento.
-Muchachas, ya me voy. –gritó desde la puerta de la entrada.-Ya vamos, no tardamos en salir.-No, no, ustedes sigan cogiendo, yo me voy adelantando y mejor nos vemos allá.-O.k., muy bien, nos vemos en un rato más.
Se cierra la puerta y queda todo en silencio, Carolina coge de la mano a su novia y la saca corriendo del baño escurriendo, la tumba sobre la cama y comienza hacerle un oral. Las sábanas se mojan, los cuerpos comienzan a sudar, la saliva escurre entre las piernas, una almohada encima de su rostro para que no la escuchen sus vecinos… Abrazos, suspiros, besos en la frente y en los párpados, una cabeza recargada en un cuello y piernas entrelazadas.
-Me encantas.-Y tú a mí.-¿Qué vamos hacer con esta situación? Yo no tenía planeado enamorarme.-No lo se, se supone que yo me concentraría únicamente en mi trabajo y mis proyectos.-No te quiero dejar de ver y no entiendo por qué, eso me choca.-(Suspiro). Te entiendo, estoy en la misma situación.-¿Lo intentamos?-¿Qué cosa?-Ser novias, y tal vez, querernos.-Sí.
Se abrazaron y se dieron un beso pequeño, y poco tiempo después de permanecer acostadas en la cama, se levantaron rápidamente para arreglarse. Bajaron apresuradamente las escaleras del edificio, se subieron al auto, se pusieron el cinturón, sintonizaron una estación de radio y se miraron simultáneamente: una risa nerviosa surgió por parte de ambas; Carolina tomó la mano de Marina y la puso sobre la palanca de velocidades, prendió el auto y arrancò.
R.P.

Hugo

La mañana que Hugo salió de casa de Sol , quise mentalizarme de que no volvería a verlo, e incluso de que tal vez eso fuese lo mejor que me podía pasar. Los buenos polvos accidentales no deberían crear expectativas. En cuanto te enrolles con alguien que te gusta más de lo conveniente, pega el portazo y búscate a otro candidato para jugar nuevas partidas en el tablero de la cama. No te compliques, no tientes a la suerte. Piernas abiertas, corazón cerrado, ésa es la única ley de supervivencia viable en esta jungla.En medio de mis recelos, y contra todo pronóstico, Hugo reaparece a los dos días. Me manda un sms erótico-festivo cargado de deseo y yo le respondo que por quién me ha tomado. Por quién me ha tomado, le pregunto, haciéndome la ofendida, mientras en realidad me siento halagadísima y me muero por acariciarle el pelo, por susurrarle obscenidades, por alzar los brazos y caer rendida frente al pelotón de su ternura. Al instante, recibo otro mensaje contenedor de una disculpa. Me dice que se ha comportado como un estúpido, que anda resacoso, que tiene unas ganas locas de verme, que cada vez que cierra los ojos el DVD de su memoria reproduce los momentos vividos en la polvera, y así no hay quien concilie el sueño ni la calma, claro. Me cuenta que necesita hablar conmigo y tocarme y besarme y olerme y… No sigas, Hugo, anda, vente para acá.Tras mi invitación, de nuevo el vértigo de las primeras veces, intentar ponerse guapa a toda mecha, mirar el reloj cada segundo y pensar que tarda demasiado, que quizá se haya arrepentido y no llegará a casa ni en media hora ni en diez años. Y luego abrir la puerta y tropezarse con esa sonrisa y sostenerle la mirada y recibir un abrazo desmedido y permanecer en volandas escuchando un mira que eres pequeña y enroscar las piernas alrededor de su cintura y besar y ser besada con la boca muy abierta, con los párpados sellados, y tomar conciencia de que no sería justo pedir un poco más, de que la serotonina es el componente principal de la saliva ajena.
R.P.

El

Él sabe leerme como nadie hasta ahora lo había hecho. En sus manos soy el libro del estremecimiento. Mi lector voraz me hojea mientras me acaricia el lomo, entrega un dedo a mi boca y, tras rescatarlo empapado, empieza a pasar mis páginas hasta dejarme abierta por el capítulo de la turbación.Antes de continuar, venda mis ojos. De esa manera, desde la oscuridad que amplifica los sentidos, advierto cómo unos dientes me arrancan la cordura, una lengua me inflama el deseo, un cuerpo me apaga la sed. Tinta, papel, sudor, carne.Finalizada la lectura, me suplica que done a su extensa biblioteca el ejemplar de la historia que acabo de contarle. Yo le aseguro que haré lo que me pide cuando tenga la certeza de que, a partir de mis palabras, no habrá más sherezades.
R.P.

Al alba

Si te dijera, amor mío,que temoa a la madrugada,no sé qué estrellas son estas
que hieren como amenazas,ni sé qué sangra la luna al filo de su guadaña.
Presiento que tras la noche vendrá la noche más larga,quiero que no me abandones
amor mío, al alba.
Los hijos que no tuvimos se esconden en las cloacas, comen las últimas flores,
parece que adivinaran que el día que se avecina viene con hambre atrasada.
Presiento que tras la noche...
Miles de buitres callados van extendiendo sus alas,
no te destroza, amor mío, esta silenciosa danza,
maldito baile de muertos, pólvora de la mañana.
L.E.A.